‘Gagaísmo cibernético’

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De nuevo Pedro enriquece el contenido del blog con una referencia a un artículo de Elvira Lindo en El País.

Desde la maestría del humor que la caracteriza, Lindo nos cuenta la experiencia de un invitado que pretende marcharse físicamente de un evento familiar sin darse cuenta de que su Smartphone no es solo un elemento de comunicación sino de vinculación virtual y continua de la que no es fácil escapar y al que se han incorporado no solo las generaciones más jóvenes, sino también las más mayores.

No es una columna especialmente profunda en el análisis, pero merece la pena destacar el lenguaje y el tono con el que la novelista describe al nombrarlos algunos de los fenómenos propiciados por los nuevos medios porque en la elección de ese lenguaje hay, a mi juicio, algo más que humor: es también un juicio de valor nada complaciente.

Así, nos habla de la pesadilla del ‘bucle del WhatsApp’ en el que nuestro protagonista cae cuando la vibración del aparato le anuncia la cascada de fotos, comentarios, emoticonos, vídeos y demás fanfarria que caracteriza la vida del Grupo virtual en el que ha sido incluido, esta vez en manos de la parentela de la tercera edad.  

Igualmente, para caracterizar los nuevos medios tecnológicos como preferentemente juveniles, los califica de superficiales’ e impropios para gente mayor. Es brillante, chistoso, pero durísimo en términos descriptivos la elección del sintagma ‘gagaísmo digital para bautizar el fenómeno de la incorporación de esta franja de edad al universo cibernético. Igualmente acertada y dura la referencia al hipersentimentalizado lenguaje del Facebook’ que puede llegar a ser tan empalagoso como vomitivo. Y atinadísima la enumeración de sandeces en forma de vídeos, presentaciones, gifs, emocioconos, etc que constituyen ese mundo virtual que algunos llaman comunicación.

En definitiva, Elvira Lindo no se limita a comentar cómo los mayores se han incorporado ‘como niños’ a la fiesta de la banalidad virtual que está causando estragos en la mente de los más jóvenes hiperconectados’, sino que su caricatura da en el clavo de algunas de las características más destacadas de la comunicación cibernética y que afecta a todo aquel que se acerca a ella con la alegre ingenuidad del ciberoptimismo.

Es otra tacita de análisis crítico. Bienvenida sea.

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Vargas Llosa: de pantallas, libros y barbarie

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Me manda mi amigo Pedro una reseña de El País con unas declaraciones del escritor Vargas Llosa junto a Jorge Edwards en la Feria del libro de Buenos Aires. Muestra en ellas su preocupación sobre la pervivencia de la lectura frente a un mundo dominado por las pantallas. Le preocupa por lo que dice de manera expresa acerca de la radical y cuantitativa hegemonía de la imagen frente a la palabra:

«No creo que sea igual leer en pantalla o papel. Es una literatura distinta. Los libros de papel exigen una participación intelectual del lector, a veces un enorme esfuerzo. La pantalla lleva al gran público y eso implica un menor esfuerzo intelectual. La pantalla tiende a ofrecer esa facilidad que reduce el esfuerzo intelectual. Ninguna experiencia nos lleva tanto como la lectura a la conclusión de que el mundo está mal hecho y desarrolla tanto una actitud crítica. Frente a la pantalla tenemos una actitud pasiva. La imagen está ahí. No hay esa operación que en la lectura de un libro nos lleva a transformar las palabras en imágenes y en conocimiento»

Pero también por lo que no llega a decir del todo, pero que flota en el aire de sus declaraciones y que se refiere a la diferencia radical aunque sutil que conlleva el soporte papel frente a la pantalla cuando lo que esta refleja es la palabra misma.

Porque precisamente del hecho de que las pantallas no dejen de serlo incluso cuando lo que reflejan es la imagen de la letra impresa se derivan muchas de las diferencias entre ambos soportes: la ausencia de la adquisición misma del objeto físico del libro en la librería con toda su liturgia de desplazamiento, el ojeo de las estanterías y el hojear de los libros;  su densidad,  su peso, el espacio físico que ocupa; su relación física con el lector que lo posee, lo manipula, lo sostiene y lo hojea, lo marca, lo subraya, lo relee…; la resistencia física que ofrece frente a la suavidad táctil del cristal; la fijación y el contraste de la letra impresa sobre el papel y su relación con la mirada que no ha sido igualada técnicamente por ninguna pantalla; el esfuerzo de concentración de la lectura en papel sin la ayuda hipnótica de la luminosidad acristalada; la ausencia de coerción por parte de ninguna corporación que va fijando un perfil con cada elección literaria del usuario a través de la red;  la pervivencia física de lo leído en el cementerio vivo  y biográfico que es la biblioteca de cada lector, frente a la fugacidad y desaparición en el olvido de un fichero virtual de cada lectura; la presencia de enlaces y otras distracciones cuando se lee directamente en la red… Dos mundos aparentemente iguales y, sin embargo, ¡tan distintos!.

Pero Vargas Llosa continúa con preocupaciones menos sutiles y algunas frases contundentes:

«Orwell ha resucitado […]. No soy pesimista, pero me pregunto si en el avance de las comunicaciones no está también esa amenaza de Orwell de la manipulación. Hemos descubierto que los grandes países pueden intervenir en los procesos electorales de otros y pueden manipularlos. Aún no conocemos bien qué está pasando, es incierto, pero los instrumentos de manipulación están ahí y podrían conducir a la humanidad a sentar las bases de un control absoluto del poder de los gustos y entusiasmos del gran público».

No los cita, pero obviamente se refiere al progresivo aumento del increíble poder monopolístico de corporaciones como Google, Amazon o Facebook que cada vez son más dueños de la información supuestamente libre de la red, de nuestros perfiles, de nuestros gustos y acabarán siéndolo de nuestras ideas.

Y, cómo no, nos habla de educación. Permítaseme el subrayado en negrita:

«Ahora se orienta a preparar a las nuevas generaciones a moverse en el mundo de las innovaciones. La lectura queda relegada. Me pueden decir que se publican cada vez más libros, pero no tanta gran literatura, muchos son libros que se parecen a las grandes pantallas y exigen cada vez menos. Creo que hoy la literatura representa menos que en el pasado. La revolución de las pantallas debería estar equilibrada con una educación que forme lectores con espíritu crítico. La función del libro es producir placer pero también insatisfacción con el mundo tal como es, que es la principal fuente del progres

«Frente a la barbarie –añade Edwards–, la lectura, la inteligencia, la reflexión son valores esenciales. Y es cierto. Y es urgente, porque me temo que los Bárbaros que definió Baricco ya están aquí invadiéndolo todo. Y seguramente Vargas Llosa lo vive en primera persona porque seguro que sabe que la enorme expectación suscitada en la Feria por su presencia ya no tiene su raíz en la literatura, sino en su bárbara popularidad proveniente de las imágenes del papel cuché de las revistas del corazón y las alfombras rojas de las pantallas. (De hecho, a Jorge Edwards no le estrujaron las fans, ni tampoco se mereció el titular de la noticia, ni, por lo leído, apenas la reseña de un par de frases, ni siquiera estar en el título de este post… Sigue siendo solo un escritor). Todos somos ya un poco Bárbaros.

Referencias:

Artículo de El País

Sobre la interferencia de gobiernos en la manipulación de elecciones (citado por El País)

Los Bárbaros de Baricco en el Blog

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Ciclo “140 caracteres…”Educación digital: ¿eficacia o márquetin?

Nueva charla, la penúltima de nuestro ciclo “140 caracteres…”, Esta vez sometemos la educación digital a examen. Directores de colegio, profesores y padres, no faltéis. Próximo martes 16, el el Joaquín Roncal de Zaragoza. Os esperamos.

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Estulticia emocional y compartida

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Ya se sabe el infinito valor de las emociones en la sociedad contemporánea que aquí hemos puesto tantas veces de relieve  sobre todo en relación a la hegemonía de la imagen frente a la palabra, ahora multiplicada exponencialmente a través de los “avances” tecnológicos digitales: las pantallas chorrean emotividad, sonrisas y lágrimas a borbotones y se insiste una y otra vez en que “una imagen vale más que mil palabras“,  y así nos va. El emotivismo es una auténtica plaga contemporánea que no solo tiñe de rosa-emoción todo lo que toca, sino que, sobre todo licúa y debilita el pensamiento y, lo que es peor, la esencia de las relaciones personales.

El últimamente excesivo Juan Manuel de Prada en su columna del XLSemanal, nos deja unas cuantas perlas al respecto de lo que está pasando ante nuestras narices y, sobre todo, ante nuestras miradas:

«Uno de los fenómenos más obscenos y característicos de nuestra época lo constituye, sin duda, el exhibicionismo de sentimientos y emociones que tradicionalmente se habían mantenido alejados del escrutinio público y cuya manifestación ostentosa se hubiese considerado hasta hace poco degradante. Así, vemos a famosetes de la más diversa índole airear sus podredumbres de alcoba en los programas de máxima audiencia; vemos a los politicastros soltar lagrimillas en las ruedas de prensa; vemos a gentes anónimas proclamar en sus muros de feisbu sus desgracias más vergonzantes.»

Nada más necesario que la comunicación personal cara a cara de la propia intimidad a través de la amistad, al amor u otros vínculos profundamente humanos. Pero la virtualidad digital no es comunicación personal. Es un simulacro en el que el hombre contemporáneo individualista cree haber encontrado la panacea para aliviar su frustrada necesidad de encuentro  personal desbordándose de emocional babeo en los realitis de la pantalla y en las pantallas de la red.

«encerrado en la concha de su individualismo […] buscó expansiones caricaturescas que supliesen la figura del amigo, el consejero o el confesor, sentándose en el diván del psicoanalista; después, cuando comprobó que el psicoanalista no bastaba para sanar su herida, perdió por completo el decoro y necesitó exhibirse ante propios y extraños, en un ejercicio grosero de afirmación. […] proclamando a los cuatros vientos nuestras miserias, esperando la limosnilla de una palmadita en la espalda o un emoticono en feisbu.»

Frente a la inteligencia de las emociones que tanto se predica, lo que se ha generalizado es la Estulticia Emocional pública, generalizada y compartida;  la extimidad tecnológica, el exhibicionismo continuo y zafio de lo mejor y lo peor. Estamos enganchados al cotilleo disfrazado de información. Estamos conectados efectiva y continuamente -veinticuatro horas sobre veinticuatro pendientes de nuestro móvil con la cabeza baja sin mirar al de enfrente o al de al lado- y a eso le llaman comunicación.  ¡Que razón tiene el que dijo que Internet hace más listo al listo, pero también más tonto al tonto! Entre otras cosas porque multiplica su visibilidad exhibicionista emocional, casi siempre estúpida y, además, la publica y la comparte.

Referencias:

Artículo de Juan Manuel de Prada en el XLSemanal

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Steve Cutts: una mirada ciberapocalíptica

Steve Cutts es un ilustrador británico cuya mirada oscurece el mundo en una caricatura dolorosa y terrible. Lo suyo no es humor, es malhumor, es cabreo con el mundo. Su visión del hombre es pesimista y desesperanzada.

Su crítica a los medios hipnóticos, a la tecnología que esclaviza al que la usa, al consumismo que consume a quien lo devora… es inmisericorde. Es una especie de El Roto en color y en la cultura anglosajona.

Smartzombies

Telefamilia

Sedentarismo consumista

Selfie

¿Quién lleva a quién?

¡¡¡Es noviembre!! ¡¡¡Empieza a comprar mierda ya!!!

Roger  y Jessica Rabbit consumidos por el consumo

Y finalmente este vídeo igualmente demoledor.

Quedémonos con la verdad que encierra toda caricatura, aunque en este caso, haya que confrontarla con un optimismo que nace de otra verdad: la capacidad de la persona humana de escapar a sus propias debilidades.

Referencias:

Web de Steve Cutts

Su canal de YouTube

Su blog

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