Negro sobre blanco

Trata de oír lo que no se oye: 

no tengas miedo del silencio.

Trata de ver lo que no se ve:

no tengas miedo de apartar la

mirada.

De nuevo: desconecta para

conectar.

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Además engordan

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Ya vengo diciendo que el patio, es decir, el medioambiente simbólico, se está poblando poco a poco de ciberealistas. Ya no existen -bendito sea Dios- los nativos digitales con los que nos han dado la vara estos últimos veinte años y la realidad de las tecnologías que ya no son nuevas y sus efectos en la educación, la información, la sociedad…, van produciendo cada vez más libros, artículos, comentarios y opiniones que, tacita a tacita, puede que generen algo de Opinión y terminen produciendo algún cambio educativo, normativo, legislativo y social que encauce tanta mixtificación.  Ya no estamos en el marasmo del ciberoptimismo paralizante en el que hemos vivido como francotiradores solitarios unos cuantos años. Ahora miras a derecha e izquierda y, al menos, ves algunos compañeros si no de batallón, al menos de patrulla.

Como ejemplo el XLSemanal que mi suegra, que es una santa,  me proporciona puntualmente cada semana y que esta viene cargadito de reflexión cibernético-social.

Primero Pérez Reverte que en su Patente de Corso nos habla de las redes sociales, refiriéndose sobre todo a Twitter, en el que estar supone para él un ‘experimento fascinante‘ de contacto con la irrealidad del mundo real‘, es decir, con ‘el retrato más disparatado, caricatura grotesca del ser humano, construyendo o pretendiendo hacerlo, con la osadía de su ignorancia, la arrogancia de su vanidad o lo turbio de su infamia, un mundo virtual que nada tiene que ver con el real. Un conjunto de usos y códigos […] que pretende imponerse sobre el sentido común y la inteligencia’.

Se asoma uno a Internet, dice,  y empieza a ver allí ‘cómo se deforman y manipulan, sin el menor pudor ni consideración, toda clase de ideas y conceptos‘ constantemente envilecidos por aquellos que los defienden.

Las nuevas tecnologías, que deberían hacernos más preparados y más libres, también contribuyen a hacernos más estúpidos‘. Internet -lo hemos dicho aquí muchas veces- multiplica tanto la tontería como el talento. Entre otras cosas porque los ‘dueños’ de la red -como en otro tiempo y ahora hacen los dueños de la televisión- no tienen más interés que su propio beneficio buscando ‘clicados rápidos y tráfico intenso a toda costa‘. Los filtros habituales en el mundo analógico -formación, educación, talento, capacidad expresiva, autoría- ya no existen. Hay más donde elegir y opinar, dice Reverte, pero eso ‘se vuelve desventaja cuando el opinador es una mula de varas, un demagogo perverso o un imbécil que grita fuerte‘. Y hay mucho griterío y mucha demagogia en la red.

Por su parte, y en la página siguiente, Juan Manuel de Prada titula su parcela “Un nuevo Dios” en el que dicho dios no es otro, por supuesto, que ese ‘interné‘, como le gusta escribirlo a él, así, acentuado y con una minúscula muy consciente y expresiva y al que va a retratar con trazo grueso. Tras hacer un repaso a lo que quizá fue y debería ser hoy la prensa y no es, sumida como está en el desprestigio, cuenta que surge internet ‘con una promesa renovada de transparencia y un ideario programático que podría resumirse en […] información para todos e información sobre todos. Las masas […] se convirtieron de repente en los protagonistas de un nuevo periodismo que prometía ser, ante todo, un cauce para la expresión de sus inquietudes. Era -nos dice- la rebelión orteguiana de las masas. Y continúa: ‘interné ha sido entronizado, en apenas un par de décadas –esos años de ciberoptimismo rabioso a los que nos referíamos– como el paraíso democrático […] Nunca un artilugio técnico había promovido tantas efusiones retóricas, tantos derramamientos hiperbólicos, tantos fervores palurdos‘. Doy fe. Creíamos que había llegado la herramienta de la verdad democrática. Pero ‘nada que ver con la realidad. Bajo una falsa apariencia de transparencia e inmediatez, interné se ha convertido en la jaula dorada donde los dueños del cotarro apacientan a unas masas cada vez más gregarias, cada vez más fanatizadas, cada vez más primarias, cada vez más endogámicas‘. El cristal más o menos deformante de los antiguos intermediarios mediáticos es ahora una burbuja en la que ‘nunca la información había sido tan monopolizada por los poderosos‘ y en la que, sin embargo, estamos encantados.

La puntilla la da Carmen Posadas en sus Pequeñas infamias de la penúltima página comenzando su artículo con esta enumeración: ‘Quinceañeros que se hacen selfies caminando por el pretil de edificios de cincuenta pisos; un padre de familia que cuelga en Internet su ‘proeza’ de conducir a doscientos cincuenta kilómetros por hora con un bebé al lado; infinitos blogueros, tuiteros y facebookerosy youtubers e instagramers y …-que retransmiten en directo todas sus intimidades, pero también sus más absurdas banalidades:que incluyen desayuno, merienda y cena, fotos incluídas y que son una auténtica explosión del yo hasta incluso la muerte, como las personas que mueren cada año engullidas por las olas con las que se autoretratan. El número de millones de fotos que se suben cada año a las redes en busca de la aprobación de un like -nos cuenta Posadas- no deja de aumentar, generando en los usuarios más intensos tolerancia, ansiedad, dependencia y finalmente la frustración de no llegar a ser nunca ni Steve Jobs o ni siquiera Belén Esteban. ‘Mejor morir haciéndose un selfie que vivir en el anonimato -termina la autora-. O  mejor ahogarse en busca de una quimeracomo Narciso- que mirar en derredor y amar, sentir o gozar con lo que tiene uno aquí cerca, al alcance de la mano, pequeño tal vez, pero al menos real, no virtual’.

Esa era la puntilla, pero aún hay otro colofón en la revista que es un pequeño suelto en la parte superior de la página 11:‘Los niños españoles, alertan los expertos, engullen calorías en exceso y se mueven poco. Muchos, de hecho, apenas prueban el pescado, las legumbres, las verduras y las frutas mientras pasan horas frente a móviles, tabletas y televisores’. Lo descrito por los tres articulistas no es muy positivo para las tecnologías, pero es que, además, engordan.

Referencias

Echando pan a los patos, Pérez Reverte

Un nuevo Dios, J.M, de Prada

Sobrevivir en el mundo del yo, yo, yo, Carmen Posadas

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‘Gagaísmo cibernético’

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De nuevo Pedro enriquece el contenido del blog con una referencia a un artículo de Elvira Lindo en El País.

Desde la maestría del humor que la caracteriza, Lindo nos cuenta la experiencia de un invitado que pretende marcharse físicamente de un evento familiar sin darse cuenta de que su Smartphone no es solo un elemento de comunicación sino de vinculación virtual y continua de la que no es fácil escapar y al que se han incorporado no solo las generaciones más jóvenes, sino también las más mayores.

No es una columna especialmente profunda en el análisis, pero merece la pena destacar el lenguaje y el tono con el que la novelista describe al nombrarlos algunos de los fenómenos propiciados por los nuevos medios porque en la elección de ese lenguaje hay, a mi juicio, algo más que humor: es también un juicio de valor nada complaciente.

Así, nos habla de la pesadilla del ‘bucle del WhatsApp’ en el que nuestro protagonista cae cuando la vibración del aparato le anuncia la cascada de fotos, comentarios, emoticonos, vídeos y demás fanfarria que caracteriza la vida del Grupo virtual en el que ha sido incluido, esta vez en manos de la parentela de la tercera edad.  

Igualmente, para caracterizar los nuevos medios tecnológicos como preferentemente juveniles, los califica de superficiales’ e impropios para gente mayor. Es brillante, chistoso, pero durísimo en términos descriptivos la elección del sintagma ‘gagaísmo digital para bautizar el fenómeno de la incorporación de esta franja de edad al universo cibernético. Igualmente acertada y dura la referencia al hipersentimentalizado lenguaje del Facebook’ que puede llegar a ser tan empalagoso como vomitivo. Y atinadísima la enumeración de sandeces en forma de vídeos, presentaciones, gifs, emocioconos, etc que constituyen ese mundo virtual que algunos llaman comunicación.

En definitiva, Elvira Lindo no se limita a comentar cómo los mayores se han incorporado ‘como niños’ a la fiesta de la banalidad virtual que está causando estragos en la mente de los más jóvenes hiperconectados’, sino que su caricatura da en el clavo de algunas de las características más destacadas de la comunicación cibernética y que afecta a todo aquel que se acerca a ella con la alegre ingenuidad del ciberoptimismo.

Es otra tacita de análisis crítico. Bienvenida sea.

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Vargas Llosa: de pantallas, libros y barbarie

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Me manda mi amigo Pedro una reseña de El País con unas declaraciones del escritor Vargas Llosa junto a Jorge Edwards en la Feria del libro de Buenos Aires. Muestra en ellas su preocupación sobre la pervivencia de la lectura frente a un mundo dominado por las pantallas. Le preocupa por lo que dice de manera expresa acerca de la radical y cuantitativa hegemonía de la imagen frente a la palabra:

«No creo que sea igual leer en pantalla o papel. Es una literatura distinta. Los libros de papel exigen una participación intelectual del lector, a veces un enorme esfuerzo. La pantalla lleva al gran público y eso implica un menor esfuerzo intelectual. La pantalla tiende a ofrecer esa facilidad que reduce el esfuerzo intelectual. Ninguna experiencia nos lleva tanto como la lectura a la conclusión de que el mundo está mal hecho y desarrolla tanto una actitud crítica. Frente a la pantalla tenemos una actitud pasiva. La imagen está ahí. No hay esa operación que en la lectura de un libro nos lleva a transformar las palabras en imágenes y en conocimiento»

Pero también por lo que no llega a decir del todo, pero que flota en el aire de sus declaraciones y que se refiere a la diferencia radical aunque sutil que conlleva el soporte papel frente a la pantalla cuando lo que esta refleja es la palabra misma.

Porque precisamente del hecho de que las pantallas no dejen de serlo incluso cuando lo que reflejan es la imagen de la letra impresa se derivan muchas de las diferencias entre ambos soportes: la ausencia de la adquisición misma del objeto físico del libro en la librería con toda su liturgia de desplazamiento, el ojeo de las estanterías y el hojear de los libros;  su densidad,  su peso, el espacio físico que ocupa; su relación física con el lector que lo posee, lo manipula, lo sostiene y lo hojea, lo marca, lo subraya, lo relee…; la resistencia física que ofrece frente a la suavidad táctil del cristal; la fijación y el contraste de la letra impresa sobre el papel y su relación con la mirada que no ha sido igualada técnicamente por ninguna pantalla; el esfuerzo de concentración de la lectura en papel sin la ayuda hipnótica de la luminosidad acristalada; la ausencia de coerción por parte de ninguna corporación que va fijando un perfil con cada elección literaria del usuario a través de la red;  la pervivencia física de lo leído en el cementerio vivo  y biográfico que es la biblioteca de cada lector, frente a la fugacidad y desaparición en el olvido de un fichero virtual de cada lectura; la presencia de enlaces y otras distracciones cuando se lee directamente en la red… Dos mundos aparentemente iguales y, sin embargo, ¡tan distintos!.

Pero Vargas Llosa continúa con preocupaciones menos sutiles y algunas frases contundentes:

«Orwell ha resucitado […]. No soy pesimista, pero me pregunto si en el avance de las comunicaciones no está también esa amenaza de Orwell de la manipulación. Hemos descubierto que los grandes países pueden intervenir en los procesos electorales de otros y pueden manipularlos. Aún no conocemos bien qué está pasando, es incierto, pero los instrumentos de manipulación están ahí y podrían conducir a la humanidad a sentar las bases de un control absoluto del poder de los gustos y entusiasmos del gran público».

No los cita, pero obviamente se refiere al progresivo aumento del increíble poder monopolístico de corporaciones como Google, Amazon o Facebook que cada vez son más dueños de la información supuestamente libre de la red, de nuestros perfiles, de nuestros gustos y acabarán siéndolo de nuestras ideas.

Y, cómo no, nos habla de educación. Permítaseme el subrayado en negrita:

«Ahora se orienta a preparar a las nuevas generaciones a moverse en el mundo de las innovaciones. La lectura queda relegada. Me pueden decir que se publican cada vez más libros, pero no tanta gran literatura, muchos son libros que se parecen a las grandes pantallas y exigen cada vez menos. Creo que hoy la literatura representa menos que en el pasado. La revolución de las pantallas debería estar equilibrada con una educación que forme lectores con espíritu crítico. La función del libro es producir placer pero también insatisfacción con el mundo tal como es, que es la principal fuente del progres

«Frente a la barbarie –añade Edwards–, la lectura, la inteligencia, la reflexión son valores esenciales. Y es cierto. Y es urgente, porque me temo que los Bárbaros que definió Baricco ya están aquí invadiéndolo todo. Y seguramente Vargas Llosa lo vive en primera persona porque seguro que sabe que la enorme expectación suscitada en la Feria por su presencia ya no tiene su raíz en la literatura, sino en su bárbara popularidad proveniente de las imágenes del papel cuché de las revistas del corazón y las alfombras rojas de las pantallas. (De hecho, a Jorge Edwards no le estrujaron las fans, ni tampoco se mereció el titular de la noticia, ni, por lo leído, apenas la reseña de un par de frases, ni siquiera estar en el título de este post… Sigue siendo solo un escritor). Todos somos ya un poco Bárbaros.

Referencias:

Artículo de El País

Sobre la interferencia de gobiernos en la manipulación de elecciones (citado por El País)

Los Bárbaros de Baricco en el Blog

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Ciclo “140 caracteres…”Educación digital: ¿eficacia o márquetin?

Nueva charla, la penúltima de nuestro ciclo “140 caracteres…”, Esta vez sometemos la educación digital a examen. Directores de colegio, profesores y padres, no faltéis. Próximo martes 16, el el Joaquín Roncal de Zaragoza. Os esperamos.

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