Aforismos tecnológicos

Alejandro Herrero Sebastiá se ha publicado un librito del que compartimos algunas perlas:

Inversión

«Aún existían en el siglo pasado familias que tenían hijos; luego apareció la televisión, la pusieron en mitad del salón y entonces la televisión tenía una familia»

(No he leído mejor descripción de lo ocurrido en estos últimos 50 años que la de este microrrelato. Es perfecto, redondo, exacto)

Soledad:

«—Te hemos desterrado. Estás solo -le dijo un adolescente a otro desde la soledad de su ordenador.»

(La soledad, la no presencia, el anonimato del yo frente a la pantalla-frontera del dispositivo tecnológico que elimina la empatía, el roce y el esfuerzo de la mirada-respuesta del otro)

Desorden

«[…] se pasaba el día sentado frente a un ordenador, con el corazón desordenado.»

(No es delante de una pantalla sino detrás donde se forja el talento, la inteligencia,  la afectividad y el equilibrio necesarios para dominarla. Lo contrario es el caos)

Movilidad sedentaria

«El auto es móvil, el teléfono es móvil, el ordenador es portátil: todo se mueve en el entorno de un sedentario, menos él.»

(Todo se mueve, todo ocurre, todo pasa … sin nuestra intervención. Los clics -aunque a veces tengan consecuencias desastrosas- no son nada.Y  además, engordan)

Panóptico

«¿Quién observa a quién? ¿Yo a la tecnología o la tecnología a mí»

( ¿Quién domina a quién…?¿Quién posee a quién…? )

Objetos

«Materialismo: tratar a los objetos como personas y a las personas como objetos»

(Y en la medida que tratamos a los objetos como personas, acabamos tratando a las personas como objetos)

Referencias:

Alejandro Herreros Sebastiá, Recorriendo el meridiano,  Círculo Rojo Editorial,

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Google nos crea

Google

La publicación por la web The Verge de este vídeo elaborado inicialmente para uso exclusivamente interno de Google nos parece tremendamente expresiva para definir lo que se nos viene encima si no logramos modificar esta tendencia aparentemente imparable. Nadie que vea esto y logre entender las ideas que se sugieren puede volver a repetir esa despreocupada frase de “Como yo no he hecho nada malo, ¿qué me importa que controlen mis datos?“. Como hemos repetido muchas veces, está en juego mucho más -con ser mucho- que  la libertad individual. Lo que aquí se desarrolla como hipótesis es que una corporación privada puede llegar a modificar el comportamiento individual y social basándose en el análisis de nuestra huella digital proporcionada por nuestros clics y por los imputs enviados desde  la cada vez más global y generalizada internet de las cosas.

Como si los datos fueran genes que nos caracterizan, se hace un paralelismo entre la investigación del genoma humano, la epigenética (que sostiene que, si bien tu comportamiento no altera tu ADN, sí puede activar o desactivar determinados genes, y dichas variaciones pueden transmitirse a los descendientes), la teoría del “gen egoísta” y el Big Data. A medida que utilizamos la tecnología, se crea un rastro de información (…) esta información describe las acciones, decisiones, preferencias, desplazamientos y relaciones” de cada individuo, dice el vídeo.  “Una versión codificada de nosotros mismos, que se vuelve cada vez más compleja”. Así, en lugar de obedecer a nuestros genes, obedeceríamos a nuestros datos, y estos datos, además de orientar nuestro comportamiento, se transmitirían a nuestros hijos y a toda la especie a través del Selfish Ledger: un archivo digital guardado en la nube del que Google sería responsable elaborando, manteniendo, analizando, dirigiendo y reorientando sus datos y recolectando la mayor cantidad posible de información de cada usuario.

Por supuesto que Google ha declarado que esto no es más que una hipótesis solo para pensar en cosas y tal y tal y que, por supuesto, nada de esto se considera en serio y bla, bla, bla… Pero ahí está: amenazando con el viejo “si se puede hacer, hazlo” típico de la ciencia sin escrúpulos.

Estremecedor.

Y, probablemente, sin embargo, nada cambie y sigamos en este paraíso digital encantados de conocernos. Esto también es estremecedor.

En fin: aquí tenéis la traducción y la transcripción del vídeo en cuestión gentileza de José Miguel López. (Gracias, amigo).

El libro de registro egoísta

Este hombre es Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, Caballero de Lamarck. En 1809, 50 años antes de que Darwin publicara “El Origen de las Especies“, escribió el que es hoy ampliamente reconocido como la primera teoría completa de la evolución. Su libro “La Filosofía Zoológica” introdujo la noción de la existencia de un código interno en cada uno de los seres vivos, que cuando se transmite en sucesivas generaciones, define las características fisiológicas de las especies.

En el centro de la teoría de Lamarck estaba lo que denominó “la fuerza adaptada“. Creía que las experiencias de un organismo durante su vida modificaban este código interno y que con la reproducción se transmitía esta versión modificada a los descendientes. Una teoría que aunque no biológicamente exacta y superada finalmente por la teoría de la selección natural de Darwin, está a medio camino de las actuales teorías epigenéticas – que sostienen que, si bien tu comportamiento no altera tu ADN, sí puede activar o desactivar determinados genes, y dichas variaciones pueden transmitirse a los descendientes (aclaración del traductor)– y que están empezando a encontrar acomodo en lugares inesperados.

Datos de usuario lamarckianos

Cuando utilizamos tecnología contemporánea, se crea un rastro de información en forma de datos. Al analizarlo, describe nuestras acciones, decisiones, preferencias, movimientos y relaciones. Esta versión codificada de quiénes somos siempre se hace más compleja, desarrollándose, cambiando y deformándose según nuestras acciones. Así, este Registro de nuestros datos podría considerarse un epigenoma lamarckiano, una representación constante de quienes somos.

Genética egoísta

Este es Bill Hamilton, uno de los más notables teóricos evolucionistas del siglo XX. Sus trabajos estudiando las estructuras sociales de las hormigas, abejas y avispas, tuvieron un profundo eco para comprender el papel de los genes en el comportamiento social, como el altruismo. Él creía y quiso demostrarlo, que la fuerza que mueve la evolución, no es el individuo, sino los genes.

Declaró que el  criterio definitivo que determina si un gen se extenderá, no es si el comportamiento beneficia al sujeto, sino si beneficia al gen.

A mediados del siglo XVIII, el biólogo evolucionista británico Richard Dawkins se apoyó en los trabajos de Hamilton y otros para popularizar el concepto de “El gen egoísta”. En su libro del mismo título introdujo la noción de un gen que estando vacío de de cualquier motivación o deseo, podría describirse metafóricamente y pedagógicamente como si no lo estuviera.

Según este modelo, el organismo del individuo es un portador temporal, una máquina de supervivencia para el gen.

Los principios de diseño centrados en el usuario han dominado el mundo de la computación durante décadas. Pero, ¿qué ocurre si miramos las cosas de un modo un pelín diferente? ¿Qué pasaría si al Registro de cada usuario se le otorga un propósito volitivo, en lugar de actuar simplemente como una referencia histórica?  ¿Qué pasaría si introdujéramos más fuentes de información? Qué ocurriría si en lugar de considerarnos los propietarios de esta información, fuéramos sus custodios, portadores temporales o cuidadores?

Episodio 1 – El grillo parlante

En un principio, en la idea de un Registro orientado a conseguir objetivos, quizá motivados por los usuarios, Google, como organización, sería responsable de ofrecer objetivos apropiados para el Registro de los usuarios.

Mientras que la noción del bien global es problemática, posiblemente los temas se centrarían en el impacto para la salud o el medio ambiente, para reflejar los valores de Google como entidad.

Cuando el usuario haya introducido su intención para su Registro, cualquier interacción puede compararse a series de opciones paralelas. Si una de estas opciones permitiera al Registro acercarse a su objetivo, se la ofrecería al usuario. Con el tiempo, al seleccionar estas opciones, el comportamiento de los usuarios puede que se modificara y el Registro se acercaría a su objetivo.

Episodio 2 – La pluma de Cornelius Fudge

Conforme se acelera esta línea de pensamiento, se hace más sugestiva la noción de Registro. Las sugerencias podrán realizarse no por los usuarios, sino por el propio Registro. En ese caso, al Registro le faltaría una fuente fundamental de datos, que es necesaria para la mejor comprensión de cada usuario.

Para resolver esta laguna de conocimiento el Registro se pone a buscar un aparato que proporciona los datos requeridos al ser utilizado. De esta lista, el Registro empieza a escoger las opciones que tengan más probabilidades de satisfacer al usuario en cuestión.

En las situaciones en que no se encuentre un producto apropiado, el Registro podría investigar una solución a medida. Analizando datos históricos es cada vez más posible discernir información de calidad, como el gusto y la sensibilidad estética, que podría utilizarse en la creación de una propuesta diseñada.

Con la llegada de tecnología como el CNC milling y la aparición de posibilidades de impresión en 3-D, podría crearse un objeto a medida para despertar el interés de estos usuarios. De esta forma, el Registro es capaz de superar la laguna en su conocimiento y afinar su modelo de comportamiento humano.

Episodio 3 – Unus pro omnibus

Los datos del usuario tienen capacidad de sobrevivir mucho más allá de nuestros límites biológicos, mayormente de la misma forma que el código genético se libera y se propaga en la naturaleza.

Considerando estos datos desde el punto de vista lamarckiano, la experiencia codificada dentro del Registro, se convierte en una acumulación de conocimiento de la conducta a lo largo de la vida de un individuo.

Si consideramos al usuario de datos como multigeneracional, resulta posible que los nuevos usuarios se beneficien de los comportamientos y decisiones de las generaciones precedentes.

Conforme aparecen nuevos usuarios en el ecosistema, comienzan a crear su propio rastro de datos.

Al comparar este Registro que emerge, con la masiva cantidad de datos históricos de usuarios, se hace posible hacer predicciones cada vez más exactas sobre las decisiones y los comportamientos futuros.

A medida que se amplían los ciclos de recogida y comparación, se hace posible desarrollar el entendimiento a nivel de especie de asuntos más complejos como la depresión, la salud o la pobreza.

Nuestra habilidad para interpretar los datos de usuarios, unida al crecimiento exponencial de objetos dotados de sensores, resultará en un registro detallado de quiénes somos como personas.

Conforme se reúnan estas corrientes de información, el efecto se multiplica: aparecen nuevos modelos y surge la capacidad de nuevas predicciones posibles.

Secuenciación conductista

Desde la década de los 70, se han hecho enormes esfuerzos en secuenciar el genoma humano. Hoy, después de muchos años de investigación y miles de millones de datos, conocemos esa secuencia.

Tomando una perspectiva similar con los datos de los usuarios, podremos empezar a compreder mejor su papel. De la misma forma que el examen de las estructuras de las proteínas, abrieron el camino de la secuenciación genética, el examen masivo multigeneracional de acciones y resultados podría introducir un modelo de secuenciación conductista.

Conforme la secuenciación de genes produce un mapa completo de la biología humana, los investigadores son cada vez más capaces de señalar partes de la secuencia y modificarla para conseguir el resultado deseado.

Conforme comienzan a aparecer los patrones en las secuenciaciones conductistas, también podremos señalarlos. Será posible dirigir el foco del Registro, desplazándolo de un sistema que no sólo rastrea nuestro comportamiento, sino que ofrece indicaciones hacia el resultado que se desee.

Estamos en el auténtico comienzo de nuestro camino para comprender los datos de los usuarios. Aplicando nuestros conocimientos de epigenética, herencia y mimetización a este campo, podríamos ser capaces de dar un salto en nuestra comprensión, que beneficiaría a nuestra generación, a las futuras y a la especie en general.

Escrito por Nick Foster y David Murphy

Gracias, Nick y David, pero, por favor, no nos beneficiéis.

 

 

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Loa a la vieja pizarra, Benito Estrella: una pequeña joya

Y sigue de libros. Esta vez un librillo de esa magnífica colección Sinergia que edita la Fundación Enmanuel Mounier y cuyo título es todo un manifiesto.

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Como siempre, os ofrecemos  aquí algunos fragmentos especialmente significativos y lo tenéis más ampliamente recogido en nuestra página de Pensar los medios enlazada más abajo.

Y hay que empezar inevitablemente con esta descripción paródico-tecnológica de esta vieja herramienta escolar:

 ANALOGUE BLACKBOARD

    «Analogue Blackboard es un dispositivo interactivo de transmisión de conocimientos de carácter bioóptico organizado analógicamente. Se trata de un invento revolucionario por la simplicidad de su hardware, la flexibilidad y adaptabilidad de su software, su sencillez de manejo y sus múltiples aplicaciones. Analogue Blackboard no necesita cables ni conexiones, ni batería, ni ninguna fuente adicional de energía para su funcionamiento. Ello permite que pueda usarse por tiempo indefinido y en cualquier lugar, aunque no se disponga de toma de corriente. Es extraplana, totalmente compacta y adaptable a cualquier espacio de interacción didáctica. El material de su estructura la hace extraordinariamente resistente. Su adaptabilidad analógica permite que la información esté siempre disponible para ser procesada como materia de conocimiento. Su capacidad de almacenamiento biológico es prácticamente infinita y se adapta perfectamente a cada usuario de manera automática.

       Analogue Blackboard no necesita teclado adicional. Funciona mediante la aplicación directa de una especie de lápiz (chalk) que se maneja fácilmente como otro lápiz cualquiera. Se pueden representar en ella toda clase de signos matemáticos, lingüísticos o pictóricos. El procesador biológico integra programas de texto, cálculo, dibujo y organización de datos. Pueden añadirse, cambiarse, reordenarse o borrarse, adaptándose por completo al proceso de las operaciones de los usuarios sobre la información en pantalla.

       Analogue Blackboard no necesita ser encendida ni apagada. Basta una simple mirada intencional para que se ponga en marcha, y deja de funcionar una vez se abandona su uso. Nunca se cuelga ni necesita ser reiniciada.

La información puede ser escaneada ópticamente de forma simultánea por todos los componentes de un grupo de usuarios, adaptándose a la percepción individual de cada uno de ellos. Ello hace de Analogue Blackboard un dispositivo interactivo técnicamente muy productivo en el aula. Su uso es tan sencillo que no necesita de asesoramiento de expertos ni de técnicos de mantenimiento.

            Analogue Blackboard es un producto que respeta el medio ambiente. Yanto la pantallas como el chalk están formados de componentes cien por cien reciclables que se encuentran con facilidad en el mercado. Su bajo precio, su durabilidad, su flexibilidad y adaptabilidad a tareas todavía impensables, lo sustraen al problema de la obsolescencia y lo convierten en un producto verdaderamente revolucionario: se trata de un dispositivo tecnológico estable, precursor de la nueva era de una economía más sostenible y una nueva conciencia en los seres humanos.»

Y unas cuantas perlas:

Lo importante

Lo malo está en creer que todo lo importante es inaugurable y que todo lo inaugurable es importante.

Lo esencial

Lo esencial está en la relación que establecen el que enseña y el que aprende, el que educa y el que es educado, y que todo lo demás no son más que medios, que, a veces, más bien estorban que ayudan en la tarea.

Chatarrería

Sufrimos […] una verdadera plaga de chatarrería didáctica importada de la tecnología, el marketing y el mercado, […] que centra todo el problema educativo en el cómo, dónde y con qué y se olvida de lo más importante que es el para qué y los quiénes.

Estar al día

Os recomiendo que leáis despacio a los clásicos.[…] Es otra manera de estar al día.

Humanizar

Es tarea del hombre humanizar sus invenciones para desarrollar su humanidad; con las máquinas, pero nunca para ellas, sino para el hombre.

No hay problema

Los medios por sí mismos no serían ningún problema en un contexto donde las personas lo son realmente, han sido formadas y educadas y su conciencia interior les permite manejar cualquier cosa, cualquier máquina.

El especialista y el periodista

Nos movemos entre dos enfoques […]: el del especialista, que cada vez sabe más de menos hasta que lo sabe todo de nada; y la del periodista, que cada vez sabe menos de más hasta que sabe nada de todo

Todo menos lo mío

[…]En las pantallas sale todo lo que pasa en el mundo menos lo que me pasa a mí y a los prójimos  y las cosas con las que me relaciono cada día.

Como pez en el agua

Vivimos como pez en el agua sin darnos cuenta del agua […] Vivimos en las historias que nos cuentan cada día en vez de vivir nuestra propia historia.

Más problemas

Desde mi punto de vista, las TIC, hasta el momento, han aportado bien poco a la educación. Yo diría que, en general, más bien han supuesto un estorbo y un factor de distorsión y escapismo, añadiendo más problemas a los que ya tiene por sí misma la tarea educativa hoy.

De la pluma al bolígrafo

[…] el paso de la pluma al bolígrafo fue, sin duda, una avance, mayor simplificación y más rendimiento en el uso de las herramientas de escritura.. Pero también sin duda alguna, junto a los tramites y tareas engorrosas del uso de la pluma –hacer la tinta, evitar las manchas y borrones, usar el secante, procurar no cometer errores para no tener que volver a empezar, etc.– se suprimió aquello que estos trámites y tareas tenían de formativo, de actividades que servían  a la disciplina de los usuarios –atención, esmero, cuidado, limpieza…– Y el problema es que al ser eliminadas por el uso del bolígrafo no se sustituyeron por otras tareas equivalentes que cumplieran los fines educativos que aquellas indirectamente tenían.

Enseñar al que no sabe

La introducción de las nuevas tecnologías en las aulas puede convertirse en una suerte de escapismo, de coartadas para no enfrentarnos con lo que es propiamente la tarea humana de enseñar al que no sabe; nos puede hacer olvidar que enseñar al que no sabe es sobre todo una obra de misericordia, es decir, de [poner el corazón en la miseria del otro.]

Referencias

Extracto del libro en nuestra página Pensar los Medios

El libro en La Casa del Libro

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Un Mundo sin Ideas, Franklin Foer

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Hace algún tiempo comentamos una cita de este libro que reseñamos hoy. Abajo tenéis la referencia de aquel post. La cita nos ha llevado a su lectura. Un excelente libro de un autor norteamericano que escribe como un europeo. Un ensayo sobre el mundo tecnológico escrito desde el mismo meollo de la experiencia periodística, intelectual y personal. Una crítica tranquila, pausada, razonada, pero sin concesiones de un integrado que, sin embargo, nos advierte de que llevamos demasiado tiempo boquiabiertos frente al brillo de la tecnología y nos urge a mirarla de frente para defender nuestra libertad individual ante las grandes corporaciones tecnológicas decididas a quitarnos todo poder de decisión en busca del valor supremo de la eficacia.

Comienza el ensayo reconstruyendo la historia desde los orígenes juveniles, libertarios y optimistas de Silicon Valley hasta la construcción de los gigantescos monopolios tecnológicos actuales agrupados bajo las siglas GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) cotizando en la bolsa norteamericana. Unos monopolios inaceptables en la cultura política y social de hace solo cincuenta años y que sin embargo hoy consentimos entre una bobalicona resignación, una absoluta inoperancia de los gobiernos e instituciones e, incluso, una complacencia individual y social asombrosa. Unos «Monopolios que operan sin restricciones, ni regulatorias ni de ninguna otra índole […], que predican el evangelio de la eficiencia, mientras se dedican a la vigilancia más exhaustiva de la historia humana, […y] moldean las mentes de los ciudadanos, filtrando la información mediante la cual estos llegan a formarse sus opiniones políticas». Monopolios que no solo actúan abiertamente como tales, sino que se consideran a sí mismos necesarios porque tienen la paternalista y peligrosa convicción de que la uniformidad monopolística es la mejor opción frente a una libertad siempre incierta, insegura, desigual y, sobre todo, ineficaz. Unos monopolios que no se conforman con alcanzar una parte del mercado, sino que «aspiran a abarcar toda la existencia» humana. Unos monopolios para los que «Las leyes del hombre son una mera molestia que puede únicamente ralentizar ese trabajo. Las instituciones y las tradiciones no son más que chatarra»

Internet nos observa, nos examina, nos aconseja, nos redirige: «Por primera vez disponemos de un microscopio que no solo nos permite examinar el comportamiento social con una precisión nunca vista, sino que también nos permite llevar a cabo experimentos a los que están expuestos millones de usuarios», comenta un analista de Facebook.

Confiamos nuestras decisiones a la eficacia matemática de los algoritmos, pero el problema es que, realidad, cuando lo hacemos, a quien estamos confiándolas es al dueño de la corporación que los diseña y que no trabaja para nuestro interés, sino en el suyo propio. Toda la arquitectura  y el diseño de estas plataformas –Facebook, Google, Amazon– están dirigidos a atrapar nuestra atención el mayor tiempo posible para apoderarse de nuestros datos y negociar después con ellos. Como dice Foer, es demasiado poder para ponerlo en manos de un Estado y mucho más para confiárselo a una corporación privada.

Hay en el libro una crítica profunda a la transformación empobrecedora del ámbito editorial y periodístico a partir de la llamada convergencia de los años 90 en la que las grandes empresas de la comunicación y el entretenimiento iniciaron un proceso de fusiones que, sin embargo, quedan muy lejos en su concentración de poder de lo que está sucediendo actualmente con los GAFA. «Mastodontes como Time Warner se antojaban aterradores… […Sin embargo,] la tecnología ha permitido triunfar a Amazon y a Google allí donde había fracasado la última generación de conglomerados. Contienen orgánicamente multitudes de medios de comunicación, todos ellos profundamente integrados en un negocio coherente».

La influencia de internet en los medios ha hecho que estos se entreguen completamente a la búsqueda de la viralidad, del trendig topic y de la popularidad del clic.  «El periodismo ha llegado a fetichizar los datos. Y estos datos han llegado a corromper el periodismo» convirtiéndolo en una simple mercancía y hundiendo su prestigio de mediadores fiables de la realidad.  Sin embargo, nuestra intolerancia de antaño con los intentos de manipulación de los medios de comunicación, se ha convertido en una aceptación borreguil de la situación actual que consideramos inevitable.

El libro termina con un capítulo titulado la Rebelión del Papel en donde está el texto que llamó nuestra atención y que comentamos en un post anterior: una defensa deliciosa y certera de la lectura en papel frente a la pantalla digital que recomponemos aquí casi en su totalidad y casi literalmente.

«Leer en la red es una actividad frenética, comprimida, azarosa y no siempre asimilada. Es una conversación interminable, […] estimulante y agotadora.  Y el Kindle no permite descansar completamente de la red. Puede amortiguar el ruido, pero sigue sin proporcionar un estado de aislamiento. Amazon nos mira por encima del hombro, rastrea cada movimiento a través de sus libros electrónicos, rastrea los pasajes que subrayamos, nos vigila para reconstruir nuestro perfil. No estamos solos. La pantalla es una simulación efectiva de un libro, pero no deja de ser una simulación.

En nuestra cultura se constata un fuerte impulso a huir de estos pequeños rincones. Nos dicen que los triunfadores serían aquellos que conecten, colaboren, creen, diseñen  con otros. A nuestros hijos se les enseña a trabajar en equipo. Nuestros lugares de trabajo han sido despojados de paredes. La tecnología nos impulsa a unirnos a la multitud, sus algoritmos nos llevan a que leamos los mismos artículos, tuits  y publicaciones que el resto del mundo. Compartir es la máxima.

Volver a la página real, a ese material fibroso que puedes frotar entre tus dedos, en nuestros lugares de refugio, es recuperar una lectura en solitario libre de vigilancia, es recuperar la intimidad necesaria para una ejercicio libre de nuestra actividad intelectual. La lectura en papel es uno de los escasos resquicios de la vida que estas grandes corporaciones invasivas de nuestra intimidad, no pueden integrar plenamente. Es nuestra vía de escape de un sistema cada vez más invasor.

La lectura en papel es el lugar de la contemplación y del silencio, más allá de los monopolios, donde no dejamos un rastro de datos, donde no nos siguen la pista. Donde –repetimos– nadie nos mira por encima del hombro. Cuando leemos las palabras en el papel, estamos apartados de las notificaciones, los sonidos metálicos y otras urgencias que nos distraen de nuestros pensamientos. La página nos permite, en algún momento del día, desconectar de la máquina y ocuparnos de nuestra esencia humana.»

Como conclusión, esta: «Internet es asombrosa –dice Foer–, pero no deberíamos tratarla como si existiera al margen de la historia o estuviera exenta de nuestras estructuras morales, especialmente cuando lo que está en juego es nada menos que el destino de la individualidad y la salud de la democracia.» Es imprescindible regular el uso de los datos y limitar legislativamente la existencia de estos enormes monopolios “culturales”. La eficiencia –termina– es fantástica pero «no deberíamos sacrificarnos a nosotros mismos para lograrla.  […] No merece la pena tener correo electrónico gratuito  [Google] si el precio que hay que pagar es nuestra privacidad; la entrega al día siguiente está bien [Amazon], pero no si la consecuencia es que una sola compañía domine la venta minorista

Referencias

 Síntesis completa del libro en nuestra página Pensar los Medios

Post anterior dedicado a la Rebelión del Papel

Un mundo sin ideas, en la Casa del Libro

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Enric Puig: El Dorado, una historia crítica de Internet

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Enric Puig, publicó un interesante libro sobre los Exconectados del que ya dimos buena cuenta aquí. Lo teenéis reseñado más abajo. Ahora publica este repaso cronológico de internet desde sus orígenes con la red Arpanet del ejército norteamericano a finales de los sesenta;  su extensión a universidades en los setenta; la aparición de Telenet en 1974; el proyecto francés Télétel a partir de 1977; el año clave de 1989 cuando Tim Berners-Lee introduce los protocolos TCP-IP, el lenguaje HTML y el bautismo como World Wide Web; 1992 cuando comenzó la circulación comercial de los dominios ya a disposición del público en general; la explosión de la burbuja de las puntocom  en el 2000; los primeros buscadores; la aparición de Google y su Pagerank y luego su AdWords; el término web 2.0 en 2004; el lenguaje XML; los blogs; las redes sociales a partir de 2005… El objetivo del repaso es, por un lado hacer memoria de lo que fue, de lo que pudo ser y, sobre todo de lo que es hoy. Así vemos cómo el proyecto inicial utópico, democratizador y optimista de la red, se ha ido transformando en el modelo monopolístico y amenazador actual cuando no dejamos de evocar virtudes y ventajas que le ofrecen a internet un aura de servicio público y, en paralelo, nos quejamos cada vez más de los problemas personales y sociales que ocasiona.

Pero también, desmenuzando su actualidad, nos hace una serie de reflexiones filosóficas muy útiles para comprender el fenómeno que estamos viviendo. Imaginemos a alguien solo, en una estación, esperando la llegada de un tren, sin reloj, sin nadie a quien preguntar, sin referencias temporales, seguro de que el tren pasará, aunque no sabe cuándo y que no puede alejarse porque no puede perderlo, esperando indefinidamente. Hoy –nos dice Enric– estamos todos anclados a nuestros teléfonos con conexión a internet de una forma parecida a como esa persona lo estaría en la estación.   Cada vez que subimos algo a la red, o abrimos nuestro móvil estamos expresando una incertidumbre, lanzando una pregunta que podría formularse como “¿Os gusta esto?”,  “¿Os gusto yo?” al mayor número de personas posible para satisfacer nuestro anhelo de reconocimiento. Pero la respuesta definitiva nunca tiene lugar. El reconocimiento nunca llega de una manera concreta, y se transforma en pura expectación, en una larga espera. Internet se convierte así en el receptáculo de todas estas respuestas que nunca llegan.

Hasta internet nunca antes se había logrado que la insatisfacción del deseo fuera tan poderosa. La voluntad de Silicon Valley, en sus formas concretas de concentración de poder, es que seamos todos dependientes de las tecnologías digitales.

Cuando —hace muy pocos años— empezó a crecer lentamente la conciencia de la pérdida de privacidad y del manejo de nuestros datos volcados voluntariamente en esos contenedores vacíos que se nos proporcionaban gratuitamente, Silicon Valley contraatacó con el concepto de viralidad, el número de visitas, los tiempos de exposición, el número de visionados, las ganancias…: la amplificación nada inocente, con la complicidad de complacientes medios de comunicación, de la existencia de youtuberos y creadores de tendencias en internet,  de jóvenes mercenarios que habían logrado  ser visibles  y se habían hecho millonarios con elloEl deseo de ser deseado por mostrar las intimidades ha decaído, y ha emergido reformulado en el deseo de hacerse rico.

A partir de ese momento, en las escuelas, hoy todos saben qué gana el youtubero favorito y cuántas visitas tiene el último canal de tendencias en Instagram. Saben, abordados por todas partes por discursos que inciden en la creación de una marca personal, que estas son las hazañas que triunfan […] saben que para subir al estrellato en una red social virtual no es necesaria ninguna habilidad especial. De ahí el título del libro: del mismo modo que en el siglo XVI, la búsqueda de un quimérico El Dorado fue el acicate para la conquista, hoy millones de usuarios navegan por la red en busca de ese éxito fácil e igulamente quimérico.

nos encaminamos vertiginosamente hacia una nueva situación  [no elegida] sino que viene dictaminada por los intereses en cada momento de unas pocas compañías que se han coronado a sí mismas como los arquitectos de nuestro porvenir […] en todos los planos de la vida humana: el íntimo, el privado, el social y el político.

 [Sin embargo] las empresas tecnológicas, Google a la cabeza, empiezan a sospechar que en algún momento esta gran burbuja fundada en bases estrictamente virtuales puede estallar.  [Por eso] Google se ha rebautizado en Alphabet, la megacompañía […] que se enfoca cada vez más a la producción de bienes.

Compara la tecnología con un fármaco que se ha prescrito a la sociedad entera para curar el malestar y hoy ya empezamos a intuir que la habituación al fármaco acabará desencadenando que los síntomas ya conocidos emerjan de nuevo y con más fuerza.

 Y concluye: El verdadero peligro del fármaco prescrito, el verdadero peligro que se esconde tras la sobreconexión y la sobredigitalización es, pues, esta condición suprahumana atribuida a la máquina que puede acabar por despojar al ser humano de la posición de autogobierno y restarle libertad de acción. El hombre, envuelto en una vorágine de comunicaciones sesgadas que le impiden la reflexión corre el  riesgo de perder su capacidad de ser un ciudadano de derecho.

Una aportación crítica más al modelo de consumo tecnológico que se nos ha impuesto con nuestra irreflexiva adquiescencia, pero sin nuestro consentimiento.

Referencias

Exconectados, ¿Algo más que una moda?

La Gran Adicción, Puig Punyent (síntesis y reseña en Pensar los Medios)

El Dorado, una historia crítica de internet, síntesis y reseña en Pensar los Medios

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