Manifiestos

MANIFIESTO DE LAS ASOCIACIONES DE TELESPECTADORES Y RADIOYENTES

Congreso Iberoamericano de Comunicación y Educación «Luces en el laberinto audiovisual»

Huelva (España), 23-26 de octubre de 2003

MANIFIESTO ASOCIACIONES DE TELESPECTADORES

En una sociedad mediática como la actual, la televisión —el medio de mayor penetración— se ha convertido en el primer elemento socializador ocupando los espacios y los tiempos que hasta ahora tenían reservados la familia y la escuela como elementos insustituibles para la educación personal y social.

Los medios de comunicación social y, en especial la TV, no son, hoy por hoy, un reflejo fiel, neutral y aséptico de la realidad social, sino una desenfocada imagen de ella, creada e impuesta desde intereses sobre todo económicos, pero también políticos e ideológicos y, por tanto, no constituyen una fuente de conocimiento y libertad, sino de contaminación y manipulación ideológica: un auténtico modelo educativo.

Detrás de la pantalla de información y entretenimiento que fue un día su origen, se oculta, en palabras de la UNESCO, «un sistema educativo universal y permanente» 1 , de modo que la actual avalancha de comunicación mediática equivale a un curso acelerado en valores, ideas, hábitos, costumbres, conocimientos y sensibilidades que forman parte del currículo oculto constituido por todo el conjunto de enseñanzas y aprendizajes no reglados que se asimilan inconsciente o subliminalmente. Constituye, en palabras de José Antonio Marina que hacemos nuestras, una gran parte de «el aire ideológico que respiramos: no lo vemos, no lo olemos, no lo tocamos, pero mantiene continuamente nuestro metabolismo vital. Nos domina con tal sutileza que no nos damos cuenta de su dominación…». «…Si los seres humanos fuéramos geranios —continúa el filósofo— sólo tendríamos que preocuparnos de la calidad química de nuestro hábitat, pero ocurre que respiramos, además de aire, creencias, por lo que no sería mala idea que las competencias del Ministerio de Cultura pasaran al Ministerio de Medio Ambiente. Sin parar y sin darnos cuenta tragamos creencias que funcionan después como ingredientes de nuestros sentimientos. Son canon para nuestras aspiraciones y criterios para nuestros fracasos o alegrías. La manera de relacionarnos está casi determinada por esos dogmas asimilados por ósmosis social…». «… Lo que leo y oigo en los medios de comunicación —finaliza Marina— me hace pensar que muchos personajes que configuran esas creencias ambientales son ‘predicadores de la simpleza’ que ni leen, ni estudian, ni saben. A pesar de lo cual, lo que dicen pasa a formar parte de nuestra atmósfera, contaminándola2».

El modelo educativo de la TV y los medios no es patente, no es discutido, filtrado, regulado por ninguna institución social, sancionado por nadie, sino que está únicamente determinado por la lógica del mercado, por la tiranía de las audiencias.

Como consecuencia de ese criterio erróneo, el modelo educativo que transmite está plagado de contravalores que entran en competencia —desleal por el poderío subliminal de su lenguaje— con el modelo educativo que la gran mayoría de las familias quieren transmitir o con los valores que se intentan trabajar en los colegios —éstos sí bajo la tutela del Estado— en representación de la sociedad.

Es decir: mientras que en todos los temas que afectan a la salud social, es el Estado el que actúa a través de las leyes (por ejemplo: en la educación nadie permitiría producir educación basura), en los medios todo se deja a las frías reglas de la rentabilidad y de la competencia y se nos exige a los individuos y/o las familias que seamos nosotros el único control en nombre de una equivocada concepción de la libertad de expresión.

Los programadores de la televisión suelen escudarse en que es lo que la gente quiere. Pero rara vez se oye la voz de la mayoría silenciosa. Hay que darle voz porque si no dependemos totalmente de las encuestas de Sofres que son las que mandan en la programación. Y las encuestas de audiencias no expresan lo que la gente quiere, sino únicamente lo que la gente ve. Se produce así una supuesta sanción democrática basada en una ecuación falsa que pervierte y pone en peligro la democracia misma ya que disfraza de mayoría numérica lo que no es sino una única propuesta uniforme y unidireccional.

Además, en este sentido, subrayamos el carácter cada vez más marcadamente monopolístico de los medios en los que los procesos de concentración empresarial hacen progresivamente más difícil identificar las fuentes de producción e información, cada vez más poderosas y globales, traspasando las fronteras nacionales, poniendo en peligro la pluralidad informativa y la diversidad cultural y haciendo en definitiva que nunca tantos hayan sido influenciados por tan pocos.

De este modo, la televisión se ha constituido como un factor falso y negativo de igualación social, ética y cultural. Porque lo ha hecho por abajo utilizando la fascinación y la facilidad de la imagen, apelando a lo instintivo, el pensamiento rápido y por lo tanto débil, y afectando a grandes masas de población que no pueden seleccionar, cada vez más separadas de las minorías ilustradas que sí seleccionan y se defienden mejor de la influencia mediática. Ante esta situación, la sociedad civil permanece inerte y dominada en una confusa inconsciencia. Entre el placer, el juego y la costumbre; entre la impotencia y la resignación, el telespectador no se moviliza porque la propia omnipresencia del medio, su ubicación doméstica, la sobreinformación, la fascinación y facilidad de la imagen, su carácter evasivo y adormecedor, dificulta enormemente nuestro distanciamiento crítico.

Por todo ello, y en el contexto de este Congreso Iberoamericano de Comunicación y Educación y en medio del laberinto audiovisual, subrayado en su título, las Asociaciones abajofirmantes.

MANIFESTAMOS

I. Es necesario que los servicios públicos audiovisuales se inscriban en el preámbulo de la Constitución con el mismo rango y dignidad que la educación, ya que merecen la mismaconsideración que la enseñanza universal y gratuita.

II.Rechazamos el tráfico con el material sensible de la persona humana a través de los medios de comunicación social tanto bajo la etiqueta de la información como de la del entretenimiento. Por tanto, reclamamos el derecho a una información veraz (Cap. II. Artículo 20 de la Constitución Española) y a una programación que respete la intimidad y la dignidad de la persona y sus creencias y convicciones morales y/o religiosas, siempre que no sean antisociales.

III. La comunicación humana y la cultura no pueden convertirse en una simple mercancía sometida al único control de las leyes del mercado —es decir, las audiencias y su valor económico— porque afectan a la salud social de la comunidad y a la vida concreta de las personas que la componen tanto como la educación o el medio ambiente, por lo que es necesaria una actuación pública de control similar a la que se produce en el mundo educativo, donde, sin merma de la libertad de cátedra, no se permite la producción indiscriminada de educación basura sino que se determina con flexibilidad pero con claridad hacia qué valores debe ir dirigida.

IV. En este sentido, Reclamamos la creación de Consejos Audiovisuales Autonómicos y de un Consejo Audiovisual Superior de ámbito Estatal, como organismos independientes,en los que estén representados los distintos sectores sociales y políticos, y desde luegolos telespectadores, con la finalidad de velar por la integridad de los medios en la producciónde contenidos, proteger los intereses sociales del telespectador, salvaguardar sobretodo al telespectador infantil frente a las posibles agresiones mediáticas, promover lainvestigación sobre los medios y ser un foco de reflexión permanente sobre su papel, suregulación y sus efectos.

V. Creemos también imprescindible la creación de organismos de autocontrol verdaderamente eficaces en el mundo de la comunicación audiovisual e informativa, a través de los colegios profesionales o cualquiera otra vía representativa, similares a los que funcionan en otros ámbitos profesionales como el del derecho o la salud, que evitando el gremialismo actual opten decididamente por la defensa del buen hacer profesional y condenen las extralimitaciones actuales que se refugian bajo el paraguas de la libertad de expresión pervirtiendo su sentido.

VI. Mucho más peligrosa que la censura directa de los contenidos es la censura de hecho impuesta por el creciente oligopolio de los medios, por lo que reclamamos de los poderes públicos una vigilancia extrema en los controles antimonopolio que, en este terreno, afectan no solamente al bolsillo de los consumidores, sino a su libertad individual y a la firmeza del estado democrático.

VII. Es urgente el replanteamiento de la gestión de RTVE y de las televisiones autonómicas como instituciones que consigan cumplir de verdad el imperativo legal de ser un «serviciopúblico esencial», con financiación exclusivamente pública o con ingresos publicitarios, pero sin que el problema de la búsqueda de mercados publicitarios las lleve a la esclavitud de las audiencias y, por tanto, al mimetismo con las emisoras privadas. Nos parece no sólo posible sino imprescindible el buscar la calidad en el entretenimiento y la veracidad en la información como camino para ganar audiencia y, en su caso, conseguir publicidad.

VIII. Reclamamos además que las televisiones públicas actúen con independencia e imparcialidad

política, para lo que es imprescindible que su gestión quede al margen de la lucha partidista.

IX. Es igualmente urgente el que el Estado exija y garantice la condición de servicio público esencial que tienen asignadas las cadenas de televisión privadas tal y como quedaestablecido por su estatus de concesión publica renovable periódicamente y que puedenperder en caso de que incumplan sus compromisos.

X. Exigimos el cumplimiento de la ley en materia audiovisual por parte de las cadenas de televisión —públicas y privadas, tanto de ámbito estatal y autonómico como local— con prioridad en lo que se refiere a la protección del menor (Ley 25/1994 de 12 de julio que incorpora al ordenamiento español la directiva 89/552/CEE —Directiva Europea de Televisión sin fronteras— Modificación ley 25/1994, realizada el 10 de mayo de 1999). 

XI. Es imprescindible no sólo la aplicación de las leyes y normas vigentes, sino la revisión yactualización de las mismas y de sus normas de aplicación porque hoy por hoy, por ejemplo, a una cadena de televisión le compensa pagar las cuantías de las escasas multas que se le imponen por excesos publicitarios porque obtiene ingresos muy superiores infringiendo la ley. O, como en otros casos, a un anunciante no le importa una denuncia por incumplimiento de normativa porque el proceso es tan lento y engorroso que no tiene ningún impacto en su campaña.

 XII. Proclamamos el derecho de los niños/as a una programación propia, diaria, de calidad, inteligente y adecuada a su desarrollo en las diversas etapas de su crecimiento. Es preciso que dicha programación se emita en un horario claramente infantil y juvenil: sobre todo por las tardes, y siempre antes de las 21 horas.

XIII. El actual sistema educativo no dedica apenas tiempo al análisis y aprendizaje de la comunicación audiovisual imprescindible para formar espectadores y radioyentes con criterio, más libres y responsables; usuarios y no consumidores de radio y televisión. En consecuencia, nos parece imprescindible, la introducción decidida del estudio de losmedia en la escuela —su lenguaje, su entramado socioeconómico, su penetración, sus debilidades, miserias, y riquezas— desde preescolar a los últimos cursos de Bachillerato.

XIV. Reclamamos el apoyo institucional a todo proyecto público o privado realmente útil para introducir la reflexión sobre el medio televisivo en la sociedad: publicaciones, programas didácticos, materiales audiovisuales, talleres, etc.

XV. Igualmente, pedimos la colaboración del Estado y las administraciones públicas en general para la organización de congresos, conferencias, coloquios, debates, seminarios… relativos al uso de los medios de comunicación que sean de interés público y que reaviven periódicamente el debate y la reflexión sobre su uso.

XVI. Pedimos iniciativa y apoyo, incluso, para la producción de un programa de televisión dirigido a los niños en el que la propia televisión enseñe a ver la televisión, un programadidáctico sencillo, pero bien fundamentado, a través del cual se aproxime al joven telespectadoral proceso de fabricación de imágenes y se logre la desmitificación del medio através de su mejor conocimiento.

XVII. Creemos necesaria la organización de campañas publicitarias institucionales encaminadas a la sensibilización social respecto del uso ecológico de los medios audiovisuales, con la misma entidad y penetración que las campañas de Tráfico o las estrategias antitabaco.

XVIII. Es urgente dotar a las familias de medios —filtros, horarios, señales visuales—, para manejar con mayor eficacia educativa esta marea que las supera.

XIX. A pesar de la actual situación expuesta en este Manifiesto, creemos de verdad posible una televisión distinta que apueste decididamente por las tres patas del trípode que le dasentido: informar, dando noticias veraces, propiciando el debate de ideas, analizando loque es y lo que no es noticia; entretener: a todos los públicos, con calidad y talento, conproducciones propias; formar: transmitiendo valores, haciendo hincapié en el aspectopositivo de lo social y lo solidario, propiciando la reflexión.

XX. Finalmente, hacemos desde aquí un llamamiento a todos los telespectadores y usuarios de los medios de comunicación, para que, bien a través de la vía asociativa o porcualquier otro medio o canal, manifiesten su opinión: que alaben y protesten, que salgandel anonimato de las encuestas a la palestra de la opinión pública; que exijan a lascadenas y medios informativos respeto, talento y rigor; a los políticos, la inclusión en susprogramas de iniciativas de intervención y mejora de los medios; a las Administraciones yautoridades públicas, la aplicación de las leyes y la protección de sus derechos.

Firmado en el ámbito del Congreso Iberoamericano de Comunicación y Educación, «Luces en el Laberinto Audiovisual», en Huelva (España), el 26 de octubre de 2003.

1Un solo mundo, voces múltiples. Comunicación e información en nuestro tiempo (1980), citado por  RIVIÈRE, Margarita en El Malentendido, Icaria, Barcelona, 2003, libro del que este manifiesto es deudor en muchas de sus formulaciones.

2 MARINA, J.A. (2000): Crónicas de la ultramodernidad. Barcelona, Anagrama; 36-37; 87.

                                                                         ___________________________________________

DECLARACIÓN DE HUELVA

Presupuestos:

                1. El consumo de televisión primordialmente y, en general, el impacto social de la imagen generado por la extensión y la penetración de las pantallas como soporte hegemónico de la información y el entretenimiento, se debe afrontar a nuestro juicio, como un asunto de salud pública de primera magnitud.

                 2. Tenemos una televisión, tanto pública como privada, basada en criterios meramente mercantiles. Por lo tanto no entra en sus cálculos la idea de una programación centrada en el servicio público de calidad. Se ofrece muy poco y, en consecuencia, se adocena a la audiencia que confunde lo que quiere con lo que ve.

 Esta conformidad, fijada por los índices de audiencia del monopolio Sofres y ampliada con fuerza por los medios informativos audiovisuales y escritos, es beneficiosa para las empresas que hacen de la banalización de los contenidos la estrategia de su éxito. A las televisiones, en definitiva, les interesa una programación mercantilizada que es la que convierte al usuario en consumidor meramente pasivo y acrítico, es decir, manejable.

                 3. Hay una reflexión académica cada vez mayor. Los círculos ilustrados están más y más sensibilizados en la dirección de que el análisis de los medios es imprescindible para construir una sociedad del conocimiento y no sólo de la información. Los congresos se suceden, las publicaciones son cada vez más críticas y la sensación de peligro ante el uso masivo e indiscriminado de los medios genera ámbitos de estudio y reflexión. Y ello es, sin duda, positivo. La reflexión académica es, hoy, insustituible porque marca los cauces y apunta posibles soluciones y tendencias.

                 4. La educación que se imparte en las aulas tiene cada vez más de instrucción y menos de transmisión de valores. A pesar de que sobre la escuela recae la mayor parte del peso educativo de nuestra sociedad, lo cierto es que las aulas están hoy excesivamente alejadas de la realidad mediática e icónica en la que nuestros alumnos e hijos viven. La escuela no puede estar al margen y hoy lo está, al no dotar a los educandos de recursos para navegar en este océano de imágenes y de mensajes icónicos no racionales.

                5. Se está produciendo un claro retroceso en la función socializadora y educadora de las familias. Estas asisten atónitas a este espectáculo (que es ideológico y transmisor de valores, no lo dudemos) repleto de seducción ante lo novedoso, lo impactante, lo inmediato y lo fascinador. Cada vez más tecnología mercantilizada inunda nuestras casas, y cada vez menos criterios (que no instrucciones) para su uso. El hogar está pasando de ser el ámbito de la intimidad, del diálogo, del descanso, de la cercanía, de la seguridad y del compartir, a convertirse en el principal lugar de ocio. Un ocio no compartido porque es cada vez más individual. Un ocio no gratuito sino a un alto coste de consumo publicitario. La banalización social invade el reducto de lo más íntimo. Y a los padres se les escapa entre los dedos su responsabilidad esencial: la educación y la orientación del crecimiento de sus hijos, produciendo una mayor distancia entre los adultos y las nuevas generaciones e invirtiendo el criterio de autoridad en las familias.

                 6. La preocupación de las Administraciones Públicas por el impacto mediático es escasa, esporádica y poco intensa y la actitud de los partidos políticos ante el problema del consumo de televisión es paralela a la indiferencia de la propia opinión pública. A pesar de que hay una legislación1 que, de aplicarse, conseguiría mejorar la calidad de los contenidos y proteger de manera eficaz a los consumidores, ni se aplica por parte del Estado, ni se cumple por parte de las Cadenas. Por otra parte, estas últimas, junto con el Gobierno de la Nación han consensuado en ocasiones Códigos de Autorregulación —el último entró en vigor en febrero pasado— que se incumplen de manera sistemática por todas las empresas firmantes ante la pasividad ciudadana y sin que el Gobierno adopte al respecto medida alguna.

                 7. Las asociaciones de telespectadores somos la correa de transmisión entre los dos grandes contextos de comunicación: el de la Emisión y el de la Recepción. En este sentido asumimos y nos sumamos a todas las iniciativas llevadas a cabo a lo largo de los últimos años por la sociedad civil con el objetivo de hacer llegar a todos los ciudadanos la preocupación por la situación descrita y a la Administración Pública la exigencia de medidas para atajarla: Manifiesto contra la Telebasura2, La Carta de los Derechos de los Telespectadores3, El Manifiesto por una Televisión de Calidad4, la Plataforma Ciudadana por una Televisión de Calidad5, La Declaración de Madrid La Bahía de los Cinco Vientos6 y, por último, tras la firma por parte de las principales cadenas de Televisión del Código de Autorregulación, la fundación del OCTA, Observatorio de Contenidos Televisivos y Audiovisuales7 en el que también estamos presentes.

                  8. Sin embargo, nuestro papel como intermediarios entre esos dos ámbitos no puede quedarse en la reflexión, la vigilancia, la denuncia o el manifiesto. Tras los movimientos sociales descritos y cuando se está preparando el anteproyecto de la futura Ley de lo Audiovisual, estamos en un momento en que es necesario pasar a realizar acciones concretas para romper la inercia de la pasividad y la indiferencia de los emisores, los receptores y la Administraciones Públicas. En consecuencia, las Asociaciones de Telespectadores abajo firmantes, reunidas en Huelva en el ámbito del Congreso Hispanoluso de Comunicación y Educación «La Televisión que queremos… hacia una televisión de Calidad»,

 HACEMOS PÚBLICOS

                I. Nuestra solicitud de adhesión a la Plataforma Ciudadana por una Televisión de Calidad constituida en Sevilla el 7 de julio de 2004 con la premisa de conseguir de sus miembros fundadores una reorientación que permita que su primer objetivo pase del plano autonómico al nacional con esta o parecida redacción:

 «Reinvindicar la participación del movimiento asociativo, universitario y en general de la sociedad civil, en los Consejos Audiovisuales Nacionales y/o Autonómicos, constituyendo los mismos como entidades mixtas 50% Administración, 50% sociedad civil».

                 II. Nuestra convicción de que sólo desde un cambio de mentalidad en la opinión publica se conseguirá modificar el interés del estamento político, de modo que se produzcan iniciativas legislativas que lleven a las Administraciones Públicas a ejecutar la las leyes vigentes, promover otras nuevas y mejorar la calidad de la relación del ciudadano con los medios de modo que se pueda conseguir un verdadero progreso en la calidad de los contenidos.

                 III. Nuestro compromiso de embarcarnos, tanto en nuestros respectivos ámbitos de actuación autonómicos, como a nivel nacional e internacional en una campaña dirigida a la obtención de recursos públicos y privados para financiar acciones concretas (campañas publicitarias, actos públicos, edición de folletos explicativos, convocatorias, recogidas de firmas…) que consigan modificar la sensibilidad social respecto del tema del consumo audiovisual en tres direcciones tendencia enraizadas en los tres siguientes puntos fuertes:

                 a) El problema del consumo audiovisual indiscriminado y acrítico hay que afrontarlo desde la perspectiva de un problema ligado a la salud pública en el que se producen enfermedades sociales y enfermedades de la información.

                b) Las pantallas no son sólo un mercado de productos culturales o de entretenimiento protegido por la libertad de expresión sino una actividad social que produce un déficit de libertad en amplios sectores de la población que vacía de contenido la democracia.

                 c) Es ineludible y urgente, la inclusión en las aulas del conocimiento teórico y práctico de los medios y su lenguaje, planteado vía currículo, transversal y longitudinalmente.

                 IV. Nuestro compromiso de continuar trabajando en la búsqueda de adhesiones firmadas de personas y colectivos, tanto a esta Plataforma de Acción como al diagnóstico y propuestas contenidos en el Manifiesto de las Asociaciones de Telespectadores, presentado hace dos años en este mismo ámbito universitario, como principal soporte intelectual de nuestras acciones.

 En Huelva, a 26 de noviembre de 2005

Firmado:

LA ASAMBLEA DE ASOCIACIONES DE TELESPECTADORES

 Notas

1 Directiva Europea de la Televisión sin Fronteras, etc…

2 promovido por AUC, CAVE, CEAPA,CC.OO., FIATYR, OCU, UCE Y UGT, Madrid, 1999

3 promovido por ATEA, Asociación de Telespectadores de Andalucía, Sevilla, abril de 2004

4 Firmado por la práctica totalidad de las Asociaciones de Telespectadores de España, Huelva, noviembre 2003

5 Constituida por ATEA, Grupo Ágora, Grupo Comunicar, CSI-CSIF Sevilla, UCA/UCE, Asociación Galileo-Einstein Sevilla julio de 2004

6 Promovido por APM, AUC, Asociación de Vecinos-Federación Regional de Madrid, CC.OO Madrid, CECU, Cruz Roja Española, Defensor Del Menor de la Comunidad de Madrid, CONCAPA, FAPA Francisco Giner de los Ríos, FIATYR, OETI, POI, Save the Children, Universidad de las Islas Baleares Universidad Carlos III, Unión Democrática de Pensionistas, UGT Madrid, UNESCO, UNICEF Y UNED, Madrid, febrero de 2005

7 En él están integrados todos los firmantes de la Declaración de Madrid , más las Asociaciones de Telespectadores ATEA, ATRA y TAC de Andalucía, Aragón y Cataluña respectivamente. Madrid, marzo de 2005

 

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