Homo Ciberhistericus

Resultado de imagen de exhibicionismo televisivo

«El homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente (porque todos sentimos), sino como un hombre que ha hecho un valor del sentimiento. A partir del momento en que el sentimiento se considera un valor, todo el mundo quiere sentir; y como a todos nos gusta jactarnos de nuestros valores, tenemos tendencia a mostrar nuestros valores […] Es parte de la definición de sentimiento el que nazca en nosotros sin la intervención de nuestra voluntad, frecuentemente contra nuestra voluntad. En cuanto queremos sentir -decidimos sentir, tal como Don Quijote decidió amar a Dulcinea- el sentimiento ya no es sentimiento, sino una imitación del sentimiento, su exhibición. A lo cual suele denominarse histeria. Por eso, el homo sentimentalis (es decir, el hombre que ha hecho del sentimiento un valor) es en realidad lo mismo que el homo hystericus

                                                                                           Milan Kundera

Es difícil mejorar el retrato de uno de los ingredientes básicos de la sensibilidad contemporánea que flota en el Medioambiente Simbólico: sentimentalismo, sensiblería, exhibicionismo, emotivismo, irracionalismo…

La tele, la red, los gadgets tecnológicos creados para comunicar y comunicarse enriqueciendo el contacto verdaderamente humano son, en cambio y lamentablemente, el reino  del exhibirse, del mostrarse, del desnudarse… y —sin querer o atendiendo a su propia razón de ser, no lo sé— vehiculan y exacerban ese sentimentalismo procaz plagado de cuerpos, risas y lagrimeo que algunos han llamado extimidad y que Kundera denomina muy propiamente histeria. El mundo -que debería ser el lugar apasionante del descubrimiento de la realidad y de los otros- se convierte a menudo en un inmenso plató que llevamos con nosotros dispuesto siempre a mostrar y mostrarnos. El show business se ha hecho doméstico, individual y de bolsillo, global, viral y esencialmente histérico.

Homo ciberhisterycus.

Referencias

Artículo de Javier Benegas en Voz Populi

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