Google nos crea

Google

La publicación por la web The Verge de este vídeo elaborado inicialmente para uso exclusivamente interno de Google nos parece tremendamente expresiva para definir lo que se nos viene encima si no logramos modificar esta tendencia aparentemente imparable. Nadie que vea esto y logre entender las ideas que se sugieren puede volver a repetir esa despreocupada frase de “Como yo no he hecho nada malo, ¿qué me importa que controlen mis datos?“. Como hemos repetido muchas veces, está en juego mucho más -con ser mucho- que  la libertad individual. Lo que aquí se desarrolla como hipótesis es que una corporación privada puede llegar a modificar el comportamiento individual y social basándose en el análisis de nuestra huella digital proporcionada por nuestros clics y por los imputs enviados desde  la cada vez más global y generalizada internet de las cosas.

Como si los datos fueran genes que nos caracterizan, se hace un paralelismo entre la investigación del genoma humano, la epigenética (que sostiene que, si bien tu comportamiento no altera tu ADN, sí puede activar o desactivar determinados genes, y dichas variaciones pueden transmitirse a los descendientes), la teoría del “gen egoísta” y el Big Data. A medida que utilizamos la tecnología, se crea un rastro de información (…) esta información describe las acciones, decisiones, preferencias, desplazamientos y relaciones” de cada individuo, dice el vídeo.  “Una versión codificada de nosotros mismos, que se vuelve cada vez más compleja”. Así, en lugar de obedecer a nuestros genes, obedeceríamos a nuestros datos, y estos datos, además de orientar nuestro comportamiento, se transmitirían a nuestros hijos y a toda la especie a través del Selfish Ledger: un archivo digital guardado en la nube del que Google sería responsable elaborando, manteniendo, analizando, dirigiendo y reorientando sus datos y recolectando la mayor cantidad posible de información de cada usuario.

Por supuesto que Google ha declarado que esto no es más que una hipótesis solo para pensar en cosas y tal y tal y que, por supuesto, nada de esto se considera en serio y bla, bla, bla… Pero ahí está: amenazando con el viejo “si se puede hacer, hazlo” típico de la ciencia sin escrúpulos.

Estremecedor.

Y, probablemente, sin embargo, nada cambie y sigamos en este paraíso digital encantados de conocernos. Esto también es estremecedor.

En fin: aquí tenéis la traducción y la transcripción del vídeo en cuestión gentileza de José Miguel López. (Gracias, amigo).

El libro de registro egoísta

Este hombre es Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, Caballero de Lamarck. En 1809, 50 años antes de que Darwin publicara “El Origen de las Especies“, escribió el que es hoy ampliamente reconocido como la primera teoría completa de la evolución. Su libro “La Filosofía Zoológica” introdujo la noción de la existencia de un código interno en cada uno de los seres vivos, que cuando se transmite en sucesivas generaciones, define las características fisiológicas de las especies.

En el centro de la teoría de Lamarck estaba lo que denominó “la fuerza adaptada“. Creía que las experiencias de un organismo durante su vida modificaban este código interno y que con la reproducción se transmitía esta versión modificada a los descendientes. Una teoría que aunque no biológicamente exacta y superada finalmente por la teoría de la selección natural de Darwin, está a medio camino de las actuales teorías epigenéticas – que sostienen que, si bien tu comportamiento no altera tu ADN, sí puede activar o desactivar determinados genes, y dichas variaciones pueden transmitirse a los descendientes (aclaración del traductor)– y que están empezando a encontrar acomodo en lugares inesperados.

Datos de usuario lamarckianos

Cuando utilizamos tecnología contemporánea, se crea un rastro de información en forma de datos. Al analizarlo, describe nuestras acciones, decisiones, preferencias, movimientos y relaciones. Esta versión codificada de quiénes somos siempre se hace más compleja, desarrollándose, cambiando y deformándose según nuestras acciones. Así, este Registro de nuestros datos podría considerarse un epigenoma lamarckiano, una representación constante de quienes somos.

Genética egoísta

Este es Bill Hamilton, uno de los más notables teóricos evolucionistas del siglo XX. Sus trabajos estudiando las estructuras sociales de las hormigas, abejas y avispas, tuvieron un profundo eco para comprender el papel de los genes en el comportamiento social, como el altruismo. Él creía y quiso demostrarlo, que la fuerza que mueve la evolución, no es el individuo, sino los genes.

Declaró que el  criterio definitivo que determina si un gen se extenderá, no es si el comportamiento beneficia al sujeto, sino si beneficia al gen.

A mediados del siglo XVIII, el biólogo evolucionista británico Richard Dawkins se apoyó en los trabajos de Hamilton y otros para popularizar el concepto de “El gen egoísta”. En su libro del mismo título introdujo la noción de un gen que estando vacío de de cualquier motivación o deseo, podría describirse metafóricamente y pedagógicamente como si no lo estuviera.

Según este modelo, el organismo del individuo es un portador temporal, una máquina de supervivencia para el gen.

Los principios de diseño centrados en el usuario han dominado el mundo de la computación durante décadas. Pero, ¿qué ocurre si miramos las cosas de un modo un pelín diferente? ¿Qué pasaría si al Registro de cada usuario se le otorga un propósito volitivo, en lugar de actuar simplemente como una referencia histórica?  ¿Qué pasaría si introdujéramos más fuentes de información? Qué ocurriría si en lugar de considerarnos los propietarios de esta información, fuéramos sus custodios, portadores temporales o cuidadores?

Episodio 1 – El grillo parlante

En un principio, en la idea de un Registro orientado a conseguir objetivos, quizá motivados por los usuarios, Google, como organización, sería responsable de ofrecer objetivos apropiados para el Registro de los usuarios.

Mientras que la noción del bien global es problemática, posiblemente los temas se centrarían en el impacto para la salud o el medio ambiente, para reflejar los valores de Google como entidad.

Cuando el usuario haya introducido su intención para su Registro, cualquier interacción puede compararse a series de opciones paralelas. Si una de estas opciones permitiera al Registro acercarse a su objetivo, se la ofrecería al usuario. Con el tiempo, al seleccionar estas opciones, el comportamiento de los usuarios puede que se modificara y el Registro se acercaría a su objetivo.

Episodio 2 – La pluma de Cornelius Fudge

Conforme se acelera esta línea de pensamiento, se hace más sugestiva la noción de Registro. Las sugerencias podrán realizarse no por los usuarios, sino por el propio Registro. En ese caso, al Registro le faltaría una fuente fundamental de datos, que es necesaria para la mejor comprensión de cada usuario.

Para resolver esta laguna de conocimiento el Registro se pone a buscar un aparato que proporciona los datos requeridos al ser utilizado. De esta lista, el Registro empieza a escoger las opciones que tengan más probabilidades de satisfacer al usuario en cuestión.

En las situaciones en que no se encuentre un producto apropiado, el Registro podría investigar una solución a medida. Analizando datos históricos es cada vez más posible discernir información de calidad, como el gusto y la sensibilidad estética, que podría utilizarse en la creación de una propuesta diseñada.

Con la llegada de tecnología como el CNC milling y la aparición de posibilidades de impresión en 3-D, podría crearse un objeto a medida para despertar el interés de estos usuarios. De esta forma, el Registro es capaz de superar la laguna en su conocimiento y afinar su modelo de comportamiento humano.

Episodio 3 – Unus pro omnibus

Los datos del usuario tienen capacidad de sobrevivir mucho más allá de nuestros límites biológicos, mayormente de la misma forma que el código genético se libera y se propaga en la naturaleza.

Considerando estos datos desde el punto de vista lamarckiano, la experiencia codificada dentro del Registro, se convierte en una acumulación de conocimiento de la conducta a lo largo de la vida de un individuo.

Si consideramos al usuario de datos como multigeneracional, resulta posible que los nuevos usuarios se beneficien de los comportamientos y decisiones de las generaciones precedentes.

Conforme aparecen nuevos usuarios en el ecosistema, comienzan a crear su propio rastro de datos.

Al comparar este Registro que emerge, con la masiva cantidad de datos históricos de usuarios, se hace posible hacer predicciones cada vez más exactas sobre las decisiones y los comportamientos futuros.

A medida que se amplían los ciclos de recogida y comparación, se hace posible desarrollar el entendimiento a nivel de especie de asuntos más complejos como la depresión, la salud o la pobreza.

Nuestra habilidad para interpretar los datos de usuarios, unida al crecimiento exponencial de objetos dotados de sensores, resultará en un registro detallado de quiénes somos como personas.

Conforme se reúnan estas corrientes de información, el efecto se multiplica: aparecen nuevos modelos y surge la capacidad de nuevas predicciones posibles.

Secuenciación conductista

Desde la década de los 70, se han hecho enormes esfuerzos en secuenciar el genoma humano. Hoy, después de muchos años de investigación y miles de millones de datos, conocemos esa secuencia.

Tomando una perspectiva similar con los datos de los usuarios, podremos empezar a compreder mejor su papel. De la misma forma que el examen de las estructuras de las proteínas, abrieron el camino de la secuenciación genética, el examen masivo multigeneracional de acciones y resultados podría introducir un modelo de secuenciación conductista.

Conforme la secuenciación de genes produce un mapa completo de la biología humana, los investigadores son cada vez más capaces de señalar partes de la secuencia y modificarla para conseguir el resultado deseado.

Conforme comienzan a aparecer los patrones en las secuenciaciones conductistas, también podremos señalarlos. Será posible dirigir el foco del Registro, desplazándolo de un sistema que no sólo rastrea nuestro comportamiento, sino que ofrece indicaciones hacia el resultado que se desee.

Estamos en el auténtico comienzo de nuestro camino para comprender los datos de los usuarios. Aplicando nuestros conocimientos de epigenética, herencia y mimetización a este campo, podríamos ser capaces de dar un salto en nuestra comprensión, que beneficiaría a nuestra generación, a las futuras y a la especie en general.

Escrito por Nick Foster y David Murphy

Gracias, Nick y David, pero, por favor, no nos beneficiéis.

 

 

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