Dos textos

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Ya hemos dicho alguna vez que somos cada vez más, que no estamos solos, que poco a poco, gracias a los cada vez más evidentes efectos colaterales de la tecnovida, cada vez también hay más testimonios críticos o, al menos, de un cierto distanciamiento de la superficial aceptación de las novedades tecnológicas como si fueran el bálsamo de Fierabrás. Aquí traigo dos, que son uno porque el autor es el mismo.

José Martín me manda dos pequeños “tesoros” escritos por Marius Carol, director de La Vanguardia que os ofrezco aquí para saborearlos despacio casi en su totalidad. Y digo tesoro y saborear porque están escritos desde la sensibilidad. Una sensibilidad capaz de captar y expresar de manera sencilla y eficaz lo que fluye debajo de nuestra cotidianeidad tecnológica .

Bajo el título de La rebelión del papel, Carol escribe: (Los subrayados en negrita son míos)

«EL mundo digital ha ganado casi todas las batallas pues vivimos instalados en internet la mayor parte del tiempo, gracias al móvil, la tableta, el ordenador o el smart tv. Leer en la red es una actividad frenética, comprimida, azarosa y no siempre bien asimilada. El experto Franklin Foer, autor del libro Un mundo sin ideas, considera internet como una conversación interminable, en la que cada argumento es rebatido, compartido, revisado y ampliado. En este sentido, asegura que es casi tan estimulante como extenuante.

Foer dedica uno de los capítulos de su libro a lo que considera la rebelión del papel. Tras citar al escritor checo Milan Kundera, que buscaba las costuras del Estado comunista para escapar a los ojos de los vigilantes, dice:

El papel (en forma de libros, revistas y periódicos) es la costura que podemos habitar. Es el lugar más allá de los monopolios (tecnológicos) donde no dejamos un rastro de datos, donde no nos siguen la pista. Cuando leemos las palabras en el papel, estamos apartados de las notificaciones, los sonidos metálicos y otras urgencias que nos distraen de nuestros pensamientos. La página nos permite, en algún momento del día, desconectar de la máquina y ocuparnos de nuestra esencia humana”.

Los que pensamos que la relación que se establece entre el ser humano y el papel es única, lo que no significa que no nos sintamos estimulados, atraídos y fascinados por las posibilidades del universo digital, entendemos el sentido de las palabras de este pensador del siglo XXI. Foer asegura que, si las empresas tecnológicas aspiran a absorber la totalidad de la existencia humana en su redil corporativo, “la lectura del papel es uno de los escasos resquicios de la vida que no pueden integrar plenamente“. Por eso recomienda refugiarnos a menudo en el santuario del papel, como una catedral de la cultura donde habita el conocimiento. Y el silencio. Casi como un modelo de resistencia.»

Buenísimo. Y, sobre todo, tal cual. Puro realismo. No es fruto de una mentalidad conspiranoica.  La «transparencia» que plantean las grandes corporaciones -que no es otra cosa que hacernos transparentes a los usuarios mientras ellas se hacen cada vez más opacas y poderosas- va a ir a más: quieren que lo hagamos todo “allí”, en esa plaza pública que es la red, desde la engañosa privacidad de nuestro ordenador o nuestro móvil. Y, en efecto, el papel –todavía– opone su materialidad inasequible al lenguaje binario de unos y ceros al fisgoneo total de los que nos vigilan proporcionándonos todo tipo de innegables ventajas cotidianas. Papel y silencio. El libro, tú y nadie más. (siempre que no lo hayamos pagado con tarjeta, claro).

Y este es el otro texto. Titulado Añoranza de la civilización, expresa en ese primer párrafo otra de las patologías sociales que padecemos: preferimos acumular a sentir, mirar como otros viven en lugar de vivir, llenar la memoria de nuestros teléfonos en vez de la nuestra, acumular fotografías en lugar de recuerdos.

«La escritora estadounidense Marilynne Robinson, ganadora de un Pulitzer, escribió en uno de sus ensayos: “Añoro la civilización y quiero que me la devuelvan“. Pensé en ello recientemente mientras intentaba ver la exposición sobre Dior en el Museo de las Artes Decorativas de París. El problema no era tanto que la gran cantidad de público impidiera contemplar las piezas expuestas, como que resultaba imposible acercarse porque el gentío hacía cola para sacar fotos con el móvil. El mundo es un espacio cada vez más extraño donde, en lugar de disfrutar de las obras de arte, el personal prefiere guardarlas en la aplicación de su móvil. Hemos cambiado el placer de emocionarnos por la sugestión de acumular. Preferimos llenar la memoria de nuestro teléfono que la de nuestra mente.

Un estudio de la consultora TNS sitúa en tres las horas que pasamos al día pendientes de nuestros dispositivos móviles, pero la cifra se eleva a cuatro horas y media en los usuarios comprendidos entre los 16 y los 25 años. Sin ánimo de menospreciar los móviles –que nos permiten a un tiempo informarnos, orientarnos, divertirnos o comunicarnos–, no queda claro que su uso nos ayude a triunfar. En cambio, los libros sí, pero el 36% de la población española no compra nunca ninguno. Warren Buffett, el segundo hombre más rico del mundo, asegura que pasa entre cinco y seis horas hojeando diarios y libros. El único que tiene más dinero que él, Bill Gates, afirma que lee un mínimo de 50 obras al año. Y Mark Zuckerberg, el tercero en liza, devora uno cada dos semanas.

Buffett tiene por costumbre mandarles cartas a los accionistas, en las que les recomienda libros, al tiempo que les explica cómo va la compañía. En cualquier caso, no le hace ascos al móvil: de hecho hace unos meses compró diez millones de acciones de Apple. Eso sí, su iPhone lo usa lo justo y lo pone en silencio cuando se sumerge en la lectura. Todo un ejercicio de civilización, que diría Robinson».

Dos textos que son uno, porque los dos defienden la civilización, la lectura, la contemplación, el mundo personal en definitiva que tantas veces y de tantas maneras la tecnología pone en riesgo. “Añoro la civilización y quiero que me la devuelvan”. Yo también. ¿Melancolía elitista o justificadísima queja ante una realidad descompuesta?

Referencias

La rebelión del papel en La Vanguardia

Añoranza de la civilización en La Vanguardia

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