Derecho a olvidar

Un artículo de XLSemanal con un tema interesantísimo en torno a la incorporación de datos a internet sin fecha de caducidad enlaza con las profesiones del futuro de las que hablábamos ayer. En ambos casos, es un futuro que ya está aquí y al que, como casi siempre, llegamos tarde porque no nos hemos podido anticipar a él. El cambio va más rápido que nuestra capacidad de preocuparnos.
A las palabras se las lleva el viento. A la fragilidad de la cultura oral, le siguió la durabilidad y permanencia de la cultura escrita que nos permitió conservar, almacenar y transmitir de manera eficaz gran parte de nuestro conocimiento. Dependiendo del soporte ―pergamino, papel, piedra, grabaciones analógicas…― la rapidez de transmisión y su persistencia variaban. La realidad física del soporte le daba al usuario la garantía de su subsistencia y, sobre todo, la conciencia de su perpetuación . Lo escrito, escrito está.
En la era digital, la cantidad y rapidez de la transmisión se multiplican exponencialmente. Pero ¿cuál es el soporte de esa información? Para el usuario el soporte no existe, es un click de ratón en el vacío. Tiene la sensación de que está ahí, pero a la vez no está.  Mientras la pantalla está encendida nos parece que esté en algún sitio indefinible que desaparece cuando la pantalla se apaga. Cuando navegamos por la red desde la intimidad de nuestra habitación, nuestro cerebro opera con la mentalidad del escritorio decimonónico y sabiendo que no estamos solos, sentimos estarlo y es más fuerte la sensación que la conciencia. Es como una compañía virtual, como un acto de magia, como una broma.
Sin embargo, cada vez que nuestro cursor se sitúa en un punto y nuestro dedo clickea, dejamos una huella. «Cada archivo generado por nuestro ordenador incorpora una serie de metadatos que contienen mucha información sobre nosotros». Al introducir una palabra en un buscador, por ejemplo, nuestra identificación electrónica (IP), las palabras que hemos utilizado en la búsqueda o el contenido de aquello que deseamos encontrar es almacenado por compañías como Google en sus servidores construyendo nuestro perfil de intereses. Cuando descargamos una foto en el disco duro, se registra la fecha, la hora y, con los dispositivos GPS, el lugar donde se realizó la toma. Cada vez que llamamos por teléfono, nuestra llamada queda registrada o es susceptible de ser grabada. A partir de una foto anónima de un teléfono móvil, con un programa de reconocimiento facial como Photo Finder, podemos averiguar no sólo el nombre, sino todo lo que haya sobre él en Internet. La incorporación del móvil a la red, permite no sólo que estemos geolocalizados, sino incluso saber quiénes y cuántos se nos acercan. Se puede medir la densidad de tráfico siguiendo la cantidad de  móviles que hay en una ruta a una hora determinada: cada móvil ―es decir, usted o yo­― es una lucecita brillante en una pantalla. Todo lo que hacemos en la red es susceptible de ser conservado y nuestra biografía en forma de textos, imágenes, búsquedas y clicks aparentemente discretos, puede ser investigada por empresas especializadas en recursos humanos para “conocer” al aspirante de un puesto laboral. Internet es una nube inmaterial que no entendemos y de la que, sin embargo, colgamos, a veces conscientemente y la mayoría, sin saberlo,  la foto de nuestra vida, es decir, nuestra biografía.
Ya hemos hablado en otro post sobre la contradictoria sociedad que crea una Ley de Protección de Datos para  que podamos proteger y controlar nuestra intimidad y se abre a la extimidad extrema e incontrolable de las redes sociales. En esa extraña y estúpida sociedad, han surgido ya compañías como Reputation Defender que por unos 10.000 dólares buscan y borran nuestra información negativa que flota en la red y se encargan de cambiarla por referencias positivas que aparezcan en primer lugar en los motores de búsqueda.
«Por milenios, lo difícil fue recordar y lo fácil, olvidar. Ahora la era digital cambió esto; la opción por defecto es conservar y memorizar. Google no olvida ni los contenidos ni las palabras que se usaron en una búsqueda» dice Viktor Mayer- Schönberger  citado por Facundo Manes, director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro, en una columna del diario Clarín, titulada Poder olvidar es tan importante como poder recordar.
En ella se refiere a aquel personaje del cuento de Borges, Funes el memorioso que era incapaz de convertir sus recuerdos en pensamientos;  un joven que, como consecuencia de un accidente, pierde su habilidad para olvidar. Tiene una memoria tremenda, pero está tan perdido en los detalles de todo lo que sabe que es incapaz de convertir la información en conocimiento y no puede crecer en sabiduría.
Hoy cuando todos estamos condenados a la memoria y a su exposición pública, tenemos que reivindicar nuestro derecho a la privacidad y nuestro derecho al olvido.


Más información y recursos:
Primer capítulo del libro Borrar: la virtud de olvidar en la era digital de Viktor Mayer- Schönberger  en pdf.
Versión pdf. en inglés del libro de  Mayer- Schönberger Vacío útil: el arte del olvido en la era de la informática omnipresente
Utiliza internet, no la consumas o serás consumido por ella. Y piensa antes de publicar.
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4 respuestas a Derecho a olvidar

  1. Anonymous dijo:

    Es un post IM-PRE-SIO-NAN-TE. Creo que es el que más me ha impactado hasta el momento en tu blog.

    Felicidades y gracias por este trabajo, que tendrían que conocer cuantas más personas, mejor. Lo voy a reenviar a todos mis contactos y ruego a los lectores, que se animen a hacer lo mismo o cosa similar.

    Sólo puedo añadir lo que de la memoria dijo EUGENIO D´ORS: La memoria es sabia ella misma y sabe lo que tiene que olvidar”.

    José Luis Rodríguez Rigual

  2. Enrique dijo:

    Al autor:
    Muy interesante el artículo, y un agradecimiento especial por mencionar nuestra campaña “Reiventando el olvido en internet”.
    Permítame una aclaración: la frase sobre Google no es del Dr. Manes sino de Viktor Mayer-Schoenberger, el autor del paper que generó toda esta movida de la campaña.
    Muchas gracias, nuevamente, y gracias por difundir un tema tan importante.
    Saludos,
    Enrique A. Quagliano
    http://www.apunteseideas.com

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