Celular

Sin contar con otras de sus sorprendentes posibilidades (fotografía, internet, juegos, películas, tv…),  el móvil es una tecnología realmente revolucionaria: un aparato que nos permite hablar a cualquier hora y desde cualquier parte del mundo con cualquiera de nuestros contactos. Una maravilla.

Pero el móvil, como toda tecnología, es algo más que un móvil. A la vez que abre nuevas posibilidades y ensancha nuestra capacidad de comunicación,  provoca emociones, crea  hábitos nuevos, provoca situaciones antes desconocidas que, cegados por la alegría utilitarista, afrontamos de manera inconsciente y desprevenida. El teléfono y el telégrafo, abrieron nuevos caminos, agilizaron nuestras relaciones, pero sin darnos cuenta, también sacrificaron la comunicación más lenta, pero más meditada y profunda de la carta que formaba parte de nuestra vida cotidiana. Mejoró la rapidez y la instantaneidad, pero a costa de la densidad  debilitando nuestra capacidad de expresión y comprensión al liberarnos de la exigente disciplina de la sintaxis del lenguaje escrito.

Facilidad y disponibilidad, pero también consumo (Ver más)

Simplemente la facilidad de memorización de números y nombres y la inmediatez de apretar un botón, nos hacen deslizarnos hacia el uso del móvil aun cuando tengamos un fijo más barato cerca. Como ocurrió con el mando a distancia de la tele, de nuevo la digitalización, es decir, el uso de un solo dedo tiene la fuerza de cambia nuestras costumbres. Y esa «facilidad digital» y su total y constante disponibilidad ―igual que pasa con la presencia del televisor en casa―  es el principal resorte de consumo que hace que las facturas de las compañías engorden cada mes a pesar nuestro.

Socialización, pero también dependencia del grupo (Ver más)

Para el adolescente, el móvil es un cordón umbilical de doble sentido que nunca se corta. Por un lado le proporciona una fuerte  y esponjosa sensación de pertenecer a la tribu enriqueciendo su socialización. Por otro, el hecho de  que la puerta de casa no constituya ya un dique de separación, hace desaparecer  el hogar como espacio privado con su imprescindible dosis de intimidad doméstica desde la que crecer como uno mismo. El agradable contacto se convierte así en pesada cadena de dependencia del grupo de la cual no se libra ni en la intimidad sagrada de su habitación, ese reducto en el que se construye la identidad.

Socialización, pero superficialidad

Lo mismo que se  navega por la superficie de la red sin tocar nunca fondo, se flota a la deriva de la amistad llamándose por el móvil. La tarde empieza por cualquier sitio y por cualquier persona y se va variando de rumbo y de personas dependiendo de los tonos y los nombres que aparecen en las pantallas sin tocar puerto en ninguno. El móvil es la primera red social en la que tengo cientos de contactos y casi ningún amigo.

Contacto, pero sucedáneo virtual

Proximidad, contacto, cercanía, seguridad. Pero también la creación de un sucedáneo de  comunicación aislada, tecnológica y menos humana. El móvil nos permite la ilusión engañosa de romper un aislamiento que, sin embargo, puede contribuir a crear. No lo dudemos, tras el compulsivo envío de millones de sms en Nochebuena o Año Nuevo, se encierra el deseo de ser algo para alguien. Una perdida puede ser un detalle de cariño o una lucecita en la noche para el barco del individualismo que naufraga buscando desesperadamente una costa donde recalar, o como en la película Crash, un choque que nos haga salir de nuestros nichos  tecnológicos para tocar físicamente al otro y sentirnos por fin nosotros mismos. 

A medida que la sociedad avanzada avanza sin saber a dónde y sus miembros se pierden en el anonimato, en la inseguridad de las ciudades buscamos sucedáneos que nos permitan ser en los demás. Las vidas urbanas se encierran en sus casas, en sus automóviles, en la virtualidad de las imágenes de los otros en las pantallas y a veces el móvil nos permite, en medio del silencio del ruido, escuchar una voz celular




Usen la tecnología del móvil, no la consuman o serán consumidos por ella.


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Una respuesta a Celular

  1. Anonymous dijo:

    Hoy ha sido, creo, el día mundial de Internet. He visto sin verlo, mientras hacía otras cosas, un programa que trataba de ello. En la calle, una reportera preguntaba a las gentes qué les parecía Internet y al acuerdo era casi unánime: Internet es fenomenal. “Todo” resulta posible gracias a Internet, decían. Digo casi, porque de pronto he oído la voz de un señor maduro, decir: “¿Internet?, Ah sí, es la más moderna tecnología de incomunicación de que disponemos. Debemos estar muy contentos porque es muy moderna”. He mirado rápidamente a la pantalla y aún me ha dado tiempo de verle la cara: una mirada limpia, una voz vigorosa y una sonrisa irónica y amable a la vez. Si de cada cien ciudadanos hubiera al menos uno como este señor …..

    José Luis

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