Agua

Leo que una joven tuvo que ser hospitalizada porque abusaba no del azúcar, ni de la cocaína, ni del tabaco, ni del alcohol… sino del agua que, por lo visto, consumía compulsivamente.

Ya sabíamos que su falta era un problema, pero es noticia que su exceso también pueda matar. Sabíamos que hay un porcentaje mundial de población que puede morir de sed cada día que se levanta. Pero aquí en occidente, nos morimos siempre de éxito, de exceso y, ahora, nos morimos ahogados. No hace falta caerse al río sólo querer bebérselo.

Y es que el agua se ha convertido en una imagen. En parte del mercado. Antes poníamos agua en la mesa del conferenciante que tenía que gastar saliva. Ahora son los que escuchan los que la beben. El corredor, con su botella; el trabajador light con su manzana y su botellín de agua. El estudiante con su botellita… Nos la han convertido en un símbolo y en un objeto de consumo, y, para algunos, como se ha visto, de deseo. …embotellado por supuesto. Un objeto más que la mercadotecnia aísla, etiqueta, publicita y finalmente vende.

Así, beber agua ya no es una necesidad básica sino un nuevo modo de vivir. Un símbolo de frescor, de pureza, de montaña. Un espejismo más en el que se zambulle convencido el telespectador urbano siempre en busca de paisajes más humanos y agrestes. Bebemos agua en busca de más realidad, en busca de esa confusa e inexistente selva original de la que procedemos y a la que siempre estamos queriendo volver para escapar de nosotros mismos.

La publicidad comenzó voceando productos necesarios para que supiéramos de su existencia. El márquetin, se ocupó de crear necesidades para llenarlas con productos inútiles. Lo último es hacer que una necesidad se especialice convirtiéndose en un sofisticado acto de cultura atrapándonos en una nueva red. Ya no se trata de consumir lo innecesario, sino de hacer de la necesidad virtud, es decir, consumo.

El agua. H2O, tan cristalina, tan fresquita, tan consoladora. Tan sana y tan corriente. Ya ven ustedes. El agua, en esta estúpida sociedad de la libre adicción, también mata.

Luego nos preguntamos qué pensarán en África si les llegan noticias como esta. Claro que entre morir de sed y morir de sobredosis, todos elegiríamos lo segundo. Por eso vienen.

Vean televisión, no la consuman o serán consumidos por ella

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