Un Mundo sin Ideas, Franklin Foer

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Hace algún tiempo comentamos una cita de este libro que reseñamos hoy. Abajo tenéis la referencia de aquel post. La cita nos ha llevado a su lectura. Un excelente libro de un autor norteamericano que escribe como un europeo. Un ensayo sobre el mundo tecnológico escrito desde el mismo meollo de la experiencia periodística, intelectual y personal. Una crítica tranquila, pausada, razonada, pero sin concesiones de un integrado que, sin embargo, nos advierte de que llevamos demasiado tiempo boquiabiertos frente al brillo de la tecnología y nos urge a mirarla de frente para defender nuestra libertad individual ante las grandes corporaciones tecnológicas decididas a quitarnos todo poder de decisión en busca del valor supremo de la eficacia.

Comienza el ensayo reconstruyendo la historia desde los orígenes juveniles, libertarios y optimistas de Silicon Valley hasta la construcción de los gigantescos monopolios tecnológicos actuales agrupados bajo las siglas GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) cotizando en la bolsa norteamericana. Unos monopolios inaceptables en la cultura política y social de hace solo cincuenta años y que sin embargo hoy consentimos entre una bobalicona resignación, una absoluta inoperancia de los gobiernos e instituciones e, incluso, una complacencia individual y social asombrosa. Unos «Monopolios que operan sin restricciones, ni regulatorias ni de ninguna otra índole […], que predican el evangelio de la eficiencia, mientras se dedican a la vigilancia más exhaustiva de la historia humana, […y] moldean las mentes de los ciudadanos, filtrando la información mediante la cual estos llegan a formarse sus opiniones políticas». Monopolios que no solo actúan abiertamente como tales, sino que se consideran a sí mismos necesarios porque tienen la paternalista y peligrosa convicción de que la uniformidad monopolística es la mejor opción frente a una libertad siempre incierta, insegura, desigual y, sobre todo, ineficaz. Unos monopolios que no se conforman con alcanzar una parte del mercado, sino que «aspiran a abarcar toda la existencia» humana. Unos monopolios para los que «Las leyes del hombre son una mera molestia que puede únicamente ralentizar ese trabajo. Las instituciones y las tradiciones no son más que chatarra»

Internet nos observa, nos examina, nos aconseja, nos redirige: «Por primera vez disponemos de un microscopio que no solo nos permite examinar el comportamiento social con una precisión nunca vista, sino que también nos permite llevar a cabo experimentos a los que están expuestos millones de usuarios», comenta un analista de Facebook.

Confiamos nuestras decisiones a la eficacia matemática de los algoritmos, pero el problema es que, realidad, cuando lo hacemos, a quien estamos confiándolas es al dueño de la corporación que los diseña y que no trabaja para nuestro interés, sino en el suyo propio. Toda la arquitectura  y el diseño de estas plataformas –Facebook, Google, Amazon– están dirigidos a atrapar nuestra atención el mayor tiempo posible para apoderarse de nuestros datos y negociar después con ellos. Como dice Foer, es demasiado poder para ponerlo en manos de un Estado y mucho más para confiárselo a una corporación privada.

Hay en el libro una crítica profunda a la transformación empobrecedora del ámbito editorial y periodístico a partir de la llamada convergencia de los años 90 en la que las grandes empresas de la comunicación y el entretenimiento iniciaron un proceso de fusiones que, sin embargo, quedan muy lejos en su concentración de poder de lo que está sucediendo actualmente con los GAFA. «Mastodontes como Time Warner se antojaban aterradores… […Sin embargo,] la tecnología ha permitido triunfar a Amazon y a Google allí donde había fracasado la última generación de conglomerados. Contienen orgánicamente multitudes de medios de comunicación, todos ellos profundamente integrados en un negocio coherente».

La influencia de internet en los medios ha hecho que estos se entreguen completamente a la búsqueda de la viralidad, del trendig topic y de la popularidad del clic.  «El periodismo ha llegado a fetichizar los datos. Y estos datos han llegado a corromper el periodismo» convirtiéndolo en una simple mercancía y hundiendo su prestigio de mediadores fiables de la realidad.  Sin embargo, nuestra intolerancia de antaño con los intentos de manipulación de los medios de comunicación, se ha convertido en una aceptación borreguil de la situación actual que consideramos inevitable.

El libro termina con un capítulo titulado la Rebelión del Papel en donde está el texto que llamó nuestra atención y que comentamos en un post anterior: una defensa deliciosa y certera de la lectura en papel frente a la pantalla digital que recomponemos aquí casi en su totalidad y casi literalmente.

«Leer en la red es una actividad frenética, comprimida, azarosa y no siempre asimilada. Es una conversación interminable, […] estimulante y agotadora.  Y el Kindle no permite descansar completamente de la red. Puede amortiguar el ruido, pero sigue sin proporcionar un estado de aislamiento. Amazon nos mira por encima del hombro, rastrea cada movimiento a través de sus libros electrónicos, rastrea los pasajes que subrayamos, nos vigila para reconstruir nuestro perfil. No estamos solos. La pantalla es una simulación efectiva de un libro, pero no deja de ser una simulación.

En nuestra cultura se constata un fuerte impulso a huir de estos pequeños rincones. Nos dicen que los triunfadores serían aquellos que conecten, colaboren, creen, diseñen  con otros. A nuestros hijos se les enseña a trabajar en equipo. Nuestros lugares de trabajo han sido despojados de paredes. La tecnología nos impulsa a unirnos a la multitud, sus algoritmos nos llevan a que leamos los mismos artículos, tuits  y publicaciones que el resto del mundo. Compartir es la máxima.

Volver a la página real, a ese material fibroso que puedes frotar entre tus dedos, en nuestros lugares de refugio, es recuperar una lectura en solitario libre de vigilancia, es recuperar la intimidad necesaria para una ejercicio libre de nuestra actividad intelectual. La lectura en papel es uno de los escasos resquicios de la vida que estas grandes corporaciones invasivas de nuestra intimidad, no pueden integrar plenamente. Es nuestra vía de escape de un sistema cada vez más invasor.

La lectura en papel es el lugar de la contemplación y del silencio, más allá de los monopolios, donde no dejamos un rastro de datos, donde no nos siguen la pista. Donde –repetimos– nadie nos mira por encima del hombro. Cuando leemos las palabras en el papel, estamos apartados de las notificaciones, los sonidos metálicos y otras urgencias que nos distraen de nuestros pensamientos. La página nos permite, en algún momento del día, desconectar de la máquina y ocuparnos de nuestra esencia humana.»

Como conclusión, esta: «Internet es asombrosa –dice Foer–, pero no deberíamos tratarla como si existiera al margen de la historia o estuviera exenta de nuestras estructuras morales, especialmente cuando lo que está en juego es nada menos que el destino de la individualidad y la salud de la democracia.» Es imprescindible regular el uso de los datos y limitar legislativamente la existencia de estos enormes monopolios “culturales”. La eficiencia –termina– es fantástica pero «no deberíamos sacrificarnos a nosotros mismos para lograrla.  […] No merece la pena tener correo electrónico gratuito  [Google] si el precio que hay que pagar es nuestra privacidad; la entrega al día siguiente está bien [Amazon], pero no si la consecuencia es que una sola compañía domine la venta minorista

Referencias

 Síntesis completa del libro en nuestra página Pensar los Medios

Post anterior dedicado a la Rebelión del Papel

Un mundo sin ideas, en la Casa del Libro

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Una respuesta a Un Mundo sin Ideas, Franklin Foer

  1. Fernando dijo:

    También lo leí, gracias a vuestra recomendación, y me pareció magnífico, especialmente los primeros capítulos. ¡Qué haríamos sin vosotros!

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