Vargas Llosa: de pantallas, libros y barbarie

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Me manda mi amigo Pedro una reseña de El País con unas declaraciones del escritor Vargas Llosa junto a Jorge Edwards en la Feria del libro de Buenos Aires. Muestra en ellas su preocupación sobre la pervivencia de la lectura frente a un mundo dominado por las pantallas. Le preocupa por lo que dice de manera expresa acerca de la radical y cuantitativa hegemonía de la imagen frente a la palabra:

«No creo que sea igual leer en pantalla o papel. Es una literatura distinta. Los libros de papel exigen una participación intelectual del lector, a veces un enorme esfuerzo. La pantalla lleva al gran público y eso implica un menor esfuerzo intelectual. La pantalla tiende a ofrecer esa facilidad que reduce el esfuerzo intelectual. Ninguna experiencia nos lleva tanto como la lectura a la conclusión de que el mundo está mal hecho y desarrolla tanto una actitud crítica. Frente a la pantalla tenemos una actitud pasiva. La imagen está ahí. No hay esa operación que en la lectura de un libro nos lleva a transformar las palabras en imágenes y en conocimiento»

Pero también por lo que no llega a decir del todo, pero que flota en el aire de sus declaraciones y que se refiere a la diferencia radical aunque sutil que conlleva el soporte papel frente a la pantalla cuando lo que esta refleja es la palabra misma.

Porque precisamente del hecho de que las pantallas no dejen de serlo incluso cuando lo que reflejan es la imagen de la letra impresa se derivan muchas de las diferencias entre ambos soportes: la ausencia de la adquisición misma del objeto físico del libro en la librería con toda su liturgia de desplazamiento, el ojeo de las estanterías y el hojear de los libros;  su densidad,  su peso, el espacio físico que ocupa; su relación física con el lector que lo posee, lo manipula, lo sostiene y lo hojea, lo marca, lo subraya, lo relee…; la resistencia física que ofrece frente a la suavidad táctil del cristal; la fijación y el contraste de la letra impresa sobre el papel y su relación con la mirada que no ha sido igualada técnicamente por ninguna pantalla; el esfuerzo de concentración de la lectura en papel sin la ayuda hipnótica de la luminosidad acristalada; la ausencia de coerción por parte de ninguna corporación que va fijando un perfil con cada elección literaria del usuario a través de la red;  la pervivencia física de lo leído en el cementerio vivo  y biográfico que es la biblioteca de cada lector, frente a la fugacidad y desaparición en el olvido de un fichero virtual de cada lectura; la presencia de enlaces y otras distracciones cuando se lee directamente en la red… Dos mundos aparentemente iguales y, sin embargo, ¡tan distintos!.

Pero Vargas Llosa continúa con preocupaciones menos sutiles y algunas frases contundentes:

«Orwell ha resucitado […]. No soy pesimista, pero me pregunto si en el avance de las comunicaciones no está también esa amenaza de Orwell de la manipulación. Hemos descubierto que los grandes países pueden intervenir en los procesos electorales de otros y pueden manipularlos. Aún no conocemos bien qué está pasando, es incierto, pero los instrumentos de manipulación están ahí y podrían conducir a la humanidad a sentar las bases de un control absoluto del poder de los gustos y entusiasmos del gran público».

No los cita, pero obviamente se refiere al progresivo aumento del increíble poder monopolístico de corporaciones como Google, Amazon o Facebook que cada vez son más dueños de la información supuestamente libre de la red, de nuestros perfiles, de nuestros gustos y acabarán siéndolo de nuestras ideas.

Y, cómo no, nos habla de educación. Permítaseme el subrayado en negrita:

«Ahora se orienta a preparar a las nuevas generaciones a moverse en el mundo de las innovaciones. La lectura queda relegada. Me pueden decir que se publican cada vez más libros, pero no tanta gran literatura, muchos son libros que se parecen a las grandes pantallas y exigen cada vez menos. Creo que hoy la literatura representa menos que en el pasado. La revolución de las pantallas debería estar equilibrada con una educación que forme lectores con espíritu crítico. La función del libro es producir placer pero también insatisfacción con el mundo tal como es, que es la principal fuente del progres

«Frente a la barbarie –añade Edwards–, la lectura, la inteligencia, la reflexión son valores esenciales. Y es cierto. Y es urgente, porque me temo que los Bárbaros que definió Baricco ya están aquí invadiéndolo todo. Y seguramente Vargas Llosa lo vive en primera persona porque seguro que sabe que la enorme expectación suscitada en la Feria por su presencia ya no tiene su raíz en la literatura, sino en su bárbara popularidad proveniente de las imágenes del papel cuché de las revistas del corazón y las alfombras rojas de las pantallas. (De hecho, a Jorge Edwards no le estrujaron las fans, ni tampoco se mereció el titular de la noticia, ni, por lo leído, apenas la reseña de un par de frases, ni siquiera estar en el título de este post… Sigue siendo solo un escritor). Todos somos ya un poco Bárbaros.

Referencias:

Artículo de El País

Sobre la interferencia de gobiernos en la manipulación de elecciones (citado por El País)

Los Bárbaros de Baricco en el Blog

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Ciclo “140 caracteres…”Educación digital: ¿eficacia o márquetin?

Nueva charla, la penúltima de nuestro ciclo “140 caracteres…”, Esta vez sometemos la educación digital a examen. Directores de colegio, profesores y padres, no faltéis. Próximo martes 16, el el Joaquín Roncal de Zaragoza. Os esperamos.

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Estulticia emocional y compartida

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Ya se sabe el infinito valor de las emociones en la sociedad contemporánea que aquí hemos puesto tantas veces de relieve  sobre todo en relación a la hegemonía de la imagen frente a la palabra, ahora multiplicada exponencialmente a través de los “avances” tecnológicos digitales: las pantallas chorrean emotividad, sonrisas y lágrimas a borbotones y se insiste una y otra vez en que “una imagen vale más que mil palabras“,  y así nos va. El emotivismo es una auténtica plaga contemporánea que no solo tiñe de rosa-emoción todo lo que toca, sino que, sobre todo licúa y debilita el pensamiento y, lo que es peor, la esencia de las relaciones personales.

El últimamente excesivo Juan Manuel de Prada en su columna del XLSemanal, nos deja unas cuantas perlas al respecto de lo que está pasando ante nuestras narices y, sobre todo, ante nuestras miradas:

«Uno de los fenómenos más obscenos y característicos de nuestra época lo constituye, sin duda, el exhibicionismo de sentimientos y emociones que tradicionalmente se habían mantenido alejados del escrutinio público y cuya manifestación ostentosa se hubiese considerado hasta hace poco degradante. Así, vemos a famosetes de la más diversa índole airear sus podredumbres de alcoba en los programas de máxima audiencia; vemos a los politicastros soltar lagrimillas en las ruedas de prensa; vemos a gentes anónimas proclamar en sus muros de feisbu sus desgracias más vergonzantes.»

Nada más necesario que la comunicación personal cara a cara de la propia intimidad a través de la amistad, al amor u otros vínculos profundamente humanos. Pero la virtualidad digital no es comunicación personal. Es un simulacro en el que el hombre contemporáneo individualista cree haber encontrado la panacea para aliviar su frustrada necesidad de encuentro  personal desbordándose de emocional babeo en los realitis de la pantalla y en las pantallas de la red.

«encerrado en la concha de su individualismo […] buscó expansiones caricaturescas que supliesen la figura del amigo, el consejero o el confesor, sentándose en el diván del psicoanalista; después, cuando comprobó que el psicoanalista no bastaba para sanar su herida, perdió por completo el decoro y necesitó exhibirse ante propios y extraños, en un ejercicio grosero de afirmación. […] proclamando a los cuatros vientos nuestras miserias, esperando la limosnilla de una palmadita en la espalda o un emoticono en feisbu.»

Frente a la inteligencia de las emociones que tanto se predica, lo que se ha generalizado es la Estulticia Emocional pública, generalizada y compartida;  la extimidad tecnológica, el exhibicionismo continuo y zafio de lo mejor y lo peor. Estamos enganchados al cotilleo disfrazado de información. Estamos conectados efectiva y continuamente -veinticuatro horas sobre veinticuatro pendientes de nuestro móvil con la cabeza baja sin mirar al de enfrente o al de al lado- y a eso le llaman comunicación.  ¡Que razón tiene el que dijo que Internet hace más listo al listo, pero también más tonto al tonto! Entre otras cosas porque multiplica su visibilidad exhibicionista emocional, casi siempre estúpida y, además, la publica y la comparte.

Referencias:

Artículo de Juan Manuel de Prada en el XLSemanal

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Steve Cutts: una mirada ciberapocalíptica

Steve Cutts es un ilustrador británico cuya mirada oscurece el mundo en una caricatura dolorosa y terrible. Lo suyo no es humor, es malhumor, es cabreo con el mundo. Su visión del hombre es pesimista y desesperanzada.

Su crítica a los medios hipnóticos, a la tecnología que esclaviza al que la usa, al consumismo que consume a quien lo devora… es inmisericorde. Es una especie de El Roto en color y en la cultura anglosajona.

Smartzombies

Telefamilia

Sedentarismo consumista

Selfie

¿Quién lleva a quién?

¡¡¡Es noviembre!! ¡¡¡Empieza a comprar mierda ya!!!

Roger  y Jessica Rabbit consumidos por el consumo

Y finalmente este vídeo igualmente demoledor.

Quedémonos con la verdad que encierra toda caricatura, aunque en este caso, haya que confrontarla con un optimismo que nace de otra verdad: la capacidad de la persona humana de escapar a sus propias debilidades.

Referencias:

Web de Steve Cutts

Su canal de YouTube

Su blog

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Más madera: Los alumnos españoles, los más ‘enganchados’ a internet.

Textos, artículos, reportajes, estudios… evidencian cada vez con más profundidad y frecuencia la situación en la que los mayores estamos poniendo a los menores en el uso y abuso de la red.

Esta vez es la OCDE la que acaba de presentar los datos del análisis PISA sobre El Bienestar de los Estudiantes. Se trata de analizar la situación social, familiar y escolar en relación con los resultados académicos, pero yendo un poco más allá de los mismos. Y en relación con las pantallas lo que nos toca es lo siguiente:

  • Los alumnos españoles son los más ‘enganchados’ a internet: los alumnos en España están más tiempo navegando que la media de los 72 países que se han sometido a la última edición del informe PISA. ¿Queremos ser más modernos que los demás? Pues ya lo hemos conseguido: somos hipermodernos ciberoptimistas por encima de la media de los países más industrializados del mundo.
  • El 22% son usuarios extremos: ¡22 de cada 100! de los estudiantes españoles admitieron que usan internet durante más de seis horas al día durante los días entre semana. ¡Qué le vamos a hacer! Es imposible poner puertas al campo. ¿El control parental? ¿Para qué? El «botellón electrónico» no es preocupante ni, como se ve, adictivo.
  • Casi siete de cada diez  se sienten muy estresados cuando no pueden conectarse a internet: Frente al 69% de los jóvenes españoles que dice “sentirse realmente mal” si no tiene conexión a internet, hay un 54% de adolescentes de media en la OCDE que se encuentra en la misma situación. El dato global ya es malo, pero el español aún es peor. ¡Y yo que creí que lo que les estresaba eran los deberes!
  • Los más aislados en la escuela son los que más usan internet. Hay una correlación entre el uso extremo de internet y el aislamiento social. ¿No me digas? ¡Pero si les compramos el móvil para que estén más y mejor conectados! Se ve que conexión no es lo mismo que comunicación…
  • Los usuarios “extremos” españoles obtuvieron de media 35 puntos menos en las pruebas de Ciencias en PISA 2015, y también se muestran menos satisfechos con su vida personal. O sea que cuanto más enganchado estás, menos estudias, más suspendes y, por consiguiente, peor te va. Vaya, vaya… ¿Nos hará reflexionar eso sobre el regalito del móvil y el “todos lo tienen“?
  • Los alumnos españoles de 15 años que más navegan por la red participan menos en clase, llegan tarde con más probabilidad y faltan más. Pero no pasa nada: lo importante es que estén bien integrados con sus iguales, pobrecitos; si no tienen móvil se van a encontrar más aislados y no sabrán de qué hablar en el recreo.
  • Estos chavales también son más propensos a chatear en línea o escribir mensajes durante las horas escolares (un 22% lo hace todos los días) que otros alumnos (6%) ¡Qué útil es esta tecnología y cuánto bien les hace!

Andreas Schleicher, el padre del Informe PISA y el responsable educativo de la OCDE, advirtió durante la presentación del estudio en Madrid que “la dependencia a internet en España es alta y esto no es positivo en términos de integración social”. Pero, entonces, ¿es que nos estamos equivocando? A lo mejor sí.

Sin embargo, ahora estamos a punto de entrar en el mes de mayo y ya se sabe, los papás y mamás, inasequibles al desaliento…

Y es que los menores no son el problema. El problema de los menores somos los mayores.

Referencias:

Noticia de El Mundo.es

Informe OCDE El Bienestar de los estudiantes, España

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