Control y alternativas

Os dejo aquí un par de enlaces muy interesantes. 

Para el control de las pantallas en casa, el uno

Disney ofrece una aparatito para controlar las pantallas de la casa.

circlepic.jpg

Lo podéis comprar en K-twin.

Y un listado de alternativas vitales y analógicas, el otro.

¿Qué hacer con los niños y las pantallas en vacaciones?

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Distorsión: otro diagnóstico negativo

Resultado de imagen de distorsión

Hace ya un tiempo que en nuestro análisis del fenómeno tecnológico, hemos negado la existencia de la llamada Revolución Digital, más una etiqueta del ciberoptimismo y, sobre todo, de la mercadotecnia que del verdadero análisis cultural. Al contrario, sostenemos que con las nuevas tecnologías digitales se ha producido no una ruptura sino una amplificación de todos los fenómenos que había provocado ya la penetración de la televisión analógica en el 99% de los hogares de occidente.

Y lo recordamos leyendo a un compungido Manuel Vilas en El País que afirma que «el ciudadano se ha convertido en público desde el momento en el que la velocidad de las nuevas tecnologías, especialmente las redes sociales, nos nubló el conocimiento».

Habría que recordarle al articulista que, mucho antes, en un proceso que dura ya sesenta años, el ciudadano ha ido dejando de serlo para convertirse en espectador bajo los auspicios de la televisión y la hegemonía de la imagen que lo ha convertido todo en espectáculo. Pero a esa condición superficialmente visual es cierto que la Red, las redes, las pantallas y pantallitas, han añadido velocidad, individualismo, inconsistencia y, sobre todo, enormes dosis de incontinencia. Se podría decir que la reina de las pantallas habría convertido el pensamiento individual en débil, las redes lo habrían amplificado y con Internet, visibilizándolo, se habría manifestado en estupidez colectiva.

Así, «la distorsión» a la que hace referencia el título del artículo y que provocan las redes como reacción a cualquier acontecimiento político o social, desatando «la euforia o la condena sin paliativos, […] en clave emocional» viene precedida por un lento caldo de cultivo cocinado por la televisión y la supremacía absoluta de la imagen sobre la palabra. «No interesa la realidad, interesa una especie de distorsión de la realidad» «No hay análisis de ningún tipo […] se trata de la preponderancia de lo visceral. […] No se requiere la presencia de los hechos […] porque los hechos son irreales o están manipulados u obedecen a intereses inconfesables» En definitiva porque son hechos mediados por una clase periodística sumergida en la misma sopa digito-visual que el público al que se dirige. O incluso, más sencillo aún, porque con las imágenes, nos hemos creído que los hechos son suficientes cuando, en realidad, los hechos necesitan del análisis y del distanciamiento y de la mediación ponderada para dejar de serlo y convertirse en realidades asimiladas y comprendidas por la ciudadanía.

A Manuel Vilas le preocupa la política y habla de la candidatura de Pedro Sánchez, de la independencia catalana o la elección de Trump. A mí me preocupan los síntomas, pero más la enfermedad, una auténtica patología social: «No somos ciudadanos reflexivos. Somos público sediento de espectáculos radicales, quirúrgicos, eufóricos, viscerales. Necesitamos que la vida pública sea espectacular. […] La cultura se ha vaciado de significado. […] Las humanidades están en crisis, es cierto, pero esa crisis no solo se evidencia en los pocos estudiantes que eligen carreras de letras, se evidencia mucho más en la ignorancia política y en los estragos que esa ignorancia producirá a corto plazo.» Y muchísimo más en los referentes culturales cotidianos de la televisión y los youtubers  en los que beben y viven los adultos y los más jóvenes.

Se trata, dice, de «un mundo calentado por lo que podríamos llamar “el pensamiento de los cinco minutos”–el fast thinking del que hemos hablado aquí tantas veces–. Es el pensamiento caliente, fruto de la velocidad de las nuevas tecnologías (y de la estupidez e inmediatez de las imágenes). El mundo se ha hecho ininteligible, […]. El mundo occidental son millones de automóviles por millones de autopistas dirigiéndose hacia nadie sabe dónde; miles de millones de guasaps enviados con mensajes ingrávidos y confusos, con emoticonos delirantes; […]»

A pesar de la supuesta sobreinformación o quizá por ella, no sabemos nada. No sabemos cuántos manifestantes acuden a una manifestación. «Ni siquiera podemos saber si el país está creciendo o no. Parece otro misterio teológico. La verdad es inaccesible. De modo que cada cual se construye su propia fenomenología de la verdad, y las redes sociales auspician ese refugio de las verdades privadas. A eso se le llama la posverdad: a una renuncia a la objetividad, porque la objetividad se ha hecho algo indeseable, se ha hecho aburrida. La verdad es aburrida. Y la posverdad ofrece el espectáculo de la irrealidad».

Una vez más nos encontramos con una diagnóstico social negativo alrededor de estas maravillosas herramientas de comunicación interpersonal que supuestamente iban a democratizar definitivamente la vida política eliminando los molestos intermediarios corporativos y a enriquecer nuestra vida cultural con la suma de millones de micro aportaciones para la construcción de un saber universal común y de todos. No parece haber ocurrido. De depósito enciclopédico mundial a gallinero. De información continua y transparente a patio de vecinos. Del saneamiento de la democracia con la participación libre de todos, a la manipulación torticera de las redes y los tuits. Del acceso indiscriminado a la verdad, a la imposibilidad absoluta de la posverdad.  

¡Qué útiles son, una vez más, las nuevas tecnologías!

Referencias

Artículo de Manuel Vilas en El País

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

“140 caracteres…” Última sesión del curso

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Lectura vs lectura.

Otro grano de arena, otra taza crítica en el análisis de la lectura digital y la introducción irreflexiva de las pantallas en la escuela:

  1. Hay un proyecto europeo muy serio de investigación sobre los efectos de lo digital en la lectura.
  2. El ciberoptimismo reinante asume sin reflexión la hegemonía de las pantallas, incluido el mundo educativo.
  3. Sin embargo, antes de abrazar alegremente esta avalancha como positiva habría que reflexionar y medir sus efectos.
  4. Es lo que pretende este proyecto.
  5. Las ventajas de las pantallas para leer son obvias (pero pocas): fácil e ilimitado almacenamiento, tamaño de las letras, iluminación propia, saltar de una a otra plataforma a través de los enlaces.
  6. Los inconvenientes no son tan obvios, pero son más y más perniciosos en sus efectos: dificultad para leer textos largos, lo leído se recuerda peor, disminuye la conexión emocional con el contenido, se entorpece la compresión intelectual, se pierde concentración; en el caso de los llamados nativos digitales cuyo soporte ya no de lectura, sino vital son las pantallas: dependencia y/o adicción , pérdida de la conexión con la realidad física, ausencia de empatía, aislamiento social, empobrecimiento de la fantasía, falta de concentración, vocabulario limitado, dificultad para el pensamiento abstracto.
  7. Dado el precio negativo a pagar, es incomprensible el entusiasmo reinante.
  8. En Harvard, se está estudiando la escritura digital concluyendo que la toma de apuntes a mano es mucho más eficaz que la que se hace con pantallas.
  9. A pesar del entusiasmo ciberoptimista inicial, la venta de dispositivos digitales de lectura se ha estancado: parece que el papel resiste.
  10. Una anécdota deliciosa: chavales daneses que estudian ya con IPad relataban cómo les encantaba ir a las librerías a ojear, hojear y sentir en las manos los libros de papel.

Referencias

Lo podéis leer aquí en su origen si sois suscriptores del Diario

Proyecto E-read (en inglés)

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Otro estudio: #el estado de la mente

Un nuevo estudio. Esta vez de la Royal Society for Public Health (RSPH) de Reino Unido. 1500 encuestas sobre los efectos sobre la salud psíquica de cinco plataformas: Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat.

El 91% de los jóvenes británicos de 16 a 24 años tienen un perfil en al menos una red social. Obvio. Llamativo que casi uno de cada diez no lo tenga.

¿Socialización y apoyo emocional o ansiedad, depresión FoMo y pérdida de sueño? Lo que es obvio es que la actividad en estas redes y el tiempo invertido en ellas algo debe de influir en el modo de acceder al mundo de los chavales. Por eso los autores del estudio, y nosotros con ellos, nos preguntamos por qué no se presta la debida atención a este asunto. Y no sólo sobre su salud mental, sino también sobre sus referencias culturales y su capacidad de atención y aprendizaje.

«Los resultados confirman lo señalado por investigaciones previas: los jóvenes dicen que el uso de redes sociales ha empeorado su autoestima (fundamentalmente, por su imagen corporal), ha incrementado su ansiedad, ha favorecido el ciberacoso y les ha hecho perder sueño. Un fenómeno muy particular propiciado por estas plataformas es lo que se conoce como FoMo (Fear of Messing out), algo así como “miedo a no estar al tanto”, a perderse una conversación que todos los demás están manteniendo. En cambio, los encuestados también corroboraron los efectos positivos mencionados en otros estudios: apoyo emocional, capacidad para expresar sus opiniones y formar su personalidad

Paradójico, ¿no? Y yo creo que irreal: algo que empeora mi autoestima, me produce ansiedad y me hace perder sueño, puede que me ayude a exprear mis opiniones, pero no puede dotarme de apoyo emocional y formar mi personalidad. Si acaso podrá deformármela. Hay veces que una misma acción puede tener cosas buenas y no tan buenas, pero no efectos contrarios que se anulan.

YouTube, la que más les quita el sueño. (Y no lo dicen porque no se les pregunta, pero también es la que les proporciona más alimento cultural o contracultural).

Instagram, la peor en cuanto a la imagen corporal, la baja autoestima, la frustración al contemplar la falsa y feliz vida que viven los otros y  la ansiedad por el esfuerzo del postureo por mostrar una imagen igualmente falsa y atractiva más la provocada por el FoMo (miedo a perderse algo).

Facebook, en segundo lugar con parecidos efectos negativos.

Snapchat, en tercer lugar

Twitter, en cuarto

Resalta la reseña cómo los jóvenes manifiestan la paradoja (de nuevo) de que las redes favorecen el sentido de comunidad a la vez que les provoca una mayor sensación de soledad: ¿solos en medio de la multitud? ¿Estar virtualmente es una forma de no estar nunca del todo? ¿La vida digital no es verdadera vida?

Propuestas de solución:

  • Que las redes hagan aparecer un aviso cuando los usuarios jóvenes lleven más de dos horas de uso en un solo día. Buenísima idea.
  • Que diseñen herramientas para identificar a los que puedan estar sufriendo problemas mentales y ofrecerles ayuda discretamente. Difícil sin invadir aún más la privacidad.
  • Que señalen cuándo una fotografía está retocada (para evitar las comparaciones frustrantes). ¡Fantástico!
  • Que las escuelas den a los menores una formación práctica pero profunda sobre los peligros de las redes sociales para su bienestar psicológico. Sobre todo profunda, más que práctica. Se trata de ir más allá de los tópicos a la realidad del desarrollo personal y la tecnología.
  • Más investigación acerca de la relación entre vida digital y salud emocional. Desde luego. Cuanta más, mejor.

En fin. Otra tacita más. Tacita a tacita.

PS.: la reseña recuerda que no sólo está ocurriendo esto con los vulnerables jóvenes, sino que también los adultos están en esa misma tesitura (Wall Street Journal, dos estudios recientes han concluido que el uso de Facebook perjudica la salud psicológica y física de los adultos.)

Referencias:

Informe de la Royal Society for Public Health

 Reseña de Aceprensa

 Estudio del Wall Street Journal

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | 2 comentarios