“140 caracteres…” Última sesión del curso

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Lectura vs lectura.

Otro grano de arena, otra taza crítica en el análisis de la lectura digital y la introducción irreflexiva de las pantallas en la escuela:

  1. Hay un proyecto europeo muy serio de investigación sobre los efectos de lo digital en la lectura.
  2. El ciberoptimismo reinante asume sin reflexión la hegemonía de las pantallas, incluido el mundo educativo.
  3. Sin embargo, antes de abrazar alegremente esta avalancha como positiva habría que reflexionar y medir sus efectos.
  4. Es lo que pretende este proyecto.
  5. Las ventajas de las pantallas para leer son obvias (pero pocas): fácil e ilimitado almacenamiento, tamaño de las letras, iluminación propia, saltar de una a otra plataforma a través de los enlaces.
  6. Los inconvenientes no son tan obvios, pero son más y más perniciosos en sus efectos: dificultad para leer textos largos, lo leído se recuerda peor, disminuye la conexión emocional con el contenido, se entorpece la compresión intelectual, se pierde concentración; en el caso de los llamados nativos digitales cuyo soporte ya no de lectura, sino vital son las pantallas: dependencia y/o adicción , pérdida de la conexión con la realidad física, ausencia de empatía, aislamiento social, empobrecimiento de la fantasía, falta de concentración, vocabulario limitado, dificultad para el pensamiento abstracto.
  7. Dado el precio negativo a pagar, es incomprensible el entusiasmo reinante.
  8. En Harvard, se está estudiando la escritura digital concluyendo que la toma de apuntes a mano es mucho más eficaz que la que se hace con pantallas.
  9. A pesar del entusiasmo ciberoptimista inicial, la venta de dispositivos digitales de lectura se ha estancado: parece que el papel resiste.
  10. Una anécdota deliciosa: chavales daneses que estudian ya con IPad relataban cómo les encantaba ir a las librerías a ojear, hojear y sentir en las manos los libros de papel.

Referencias

Lo podéis leer aquí en su origen si sois suscriptores del Diario

Proyecto E-read (en inglés)

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Otro estudio: #el estado de la mente

Un nuevo estudio. Esta vez de la Royal Society for Public Health (RSPH) de Reino Unido. 1500 encuestas sobre los efectos sobre la salud psíquica de cinco plataformas: Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat.

El 91% de los jóvenes británicos de 16 a 24 años tienen un perfil en al menos una red social. Obvio. Llamativo que casi uno de cada diez no lo tenga.

¿Socialización y apoyo emocional o ansiedad, depresión FoMo y pérdida de sueño? Lo que es obvio es que la actividad en estas redes y el tiempo invertido en ellas algo debe de influir en el modo de acceder al mundo de los chavales. Por eso los autores del estudio, y nosotros con ellos, nos preguntamos por qué no se presta la debida atención a este asunto. Y no sólo sobre su salud mental, sino también sobre sus referencias culturales y su capacidad de atención y aprendizaje.

«Los resultados confirman lo señalado por investigaciones previas: los jóvenes dicen que el uso de redes sociales ha empeorado su autoestima (fundamentalmente, por su imagen corporal), ha incrementado su ansiedad, ha favorecido el ciberacoso y les ha hecho perder sueño. Un fenómeno muy particular propiciado por estas plataformas es lo que se conoce como FoMo (Fear of Messing out), algo así como “miedo a no estar al tanto”, a perderse una conversación que todos los demás están manteniendo. En cambio, los encuestados también corroboraron los efectos positivos mencionados en otros estudios: apoyo emocional, capacidad para expresar sus opiniones y formar su personalidad

Paradójico, ¿no? Y yo creo que irreal: algo que empeora mi autoestima, me produce ansiedad y me hace perder sueño, puede que me ayude a exprear mis opiniones, pero no puede dotarme de apoyo emocional y formar mi personalidad. Si acaso podrá deformármela. Hay veces que una misma acción puede tener cosas buenas y no tan buenas, pero no efectos contrarios que se anulan.

YouTube, la que más les quita el sueño. (Y no lo dicen porque no se les pregunta, pero también es la que les proporciona más alimento cultural o contracultural).

Instagram, la peor en cuanto a la imagen corporal, la baja autoestima, la frustración al contemplar la falsa y feliz vida que viven los otros y  la ansiedad por el esfuerzo del postureo por mostrar una imagen igualmente falsa y atractiva más la provocada por el FoMo (miedo a perderse algo).

Facebook, en segundo lugar con parecidos efectos negativos.

Snapchat, en tercer lugar

Twitter, en cuarto

Resalta la reseña cómo los jóvenes manifiestan la paradoja (de nuevo) de que las redes favorecen el sentido de comunidad a la vez que les provoca una mayor sensación de soledad: ¿solos en medio de la multitud? ¿Estar virtualmente es una forma de no estar nunca del todo? ¿La vida digital no es verdadera vida?

Propuestas de solución:

  • Que las redes hagan aparecer un aviso cuando los usuarios jóvenes lleven más de dos horas de uso en un solo día. Buenísima idea.
  • Que diseñen herramientas para identificar a los que puedan estar sufriendo problemas mentales y ofrecerles ayuda discretamente. Difícil sin invadir aún más la privacidad.
  • Que señalen cuándo una fotografía está retocada (para evitar las comparaciones frustrantes). ¡Fantástico!
  • Que las escuelas den a los menores una formación práctica pero profunda sobre los peligros de las redes sociales para su bienestar psicológico. Sobre todo profunda, más que práctica. Se trata de ir más allá de los tópicos a la realidad del desarrollo personal y la tecnología.
  • Más investigación acerca de la relación entre vida digital y salud emocional. Desde luego. Cuanta más, mejor.

En fin. Otra tacita más. Tacita a tacita.

PS.: la reseña recuerda que no sólo está ocurriendo esto con los vulnerables jóvenes, sino que también los adultos están en esa misma tesitura (Wall Street Journal, dos estudios recientes han concluido que el uso de Facebook perjudica la salud psicológica y física de los adultos.)

Referencias:

Informe de la Royal Society for Public Health

 Reseña de Aceprensa

 Estudio del Wall Street Journal

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Negro sobre blanco

Trata de oír lo que no se oye: 

no tengas miedo del silencio.

Trata de ver lo que no se ve:

no tengas miedo de apartar la

mirada.

De nuevo: desconecta para

conectar.

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Además engordan

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Ya vengo diciendo que el patio, es decir, el medioambiente simbólico, se está poblando poco a poco de ciberealistas. Ya no existen -bendito sea Dios- los nativos digitales con los que nos han dado la vara estos últimos veinte años y la realidad de las tecnologías que ya no son nuevas y sus efectos en la educación, la información, la sociedad…, van produciendo cada vez más libros, artículos, comentarios y opiniones que, tacita a tacita, puede que generen algo de Opinión y terminen produciendo algún cambio educativo, normativo, legislativo y social que encauce tanta mixtificación.  Ya no estamos en el marasmo del ciberoptimismo paralizante en el que hemos vivido como francotiradores solitarios unos cuantos años. Ahora miras a derecha e izquierda y, al menos, ves algunos compañeros si no de batallón, al menos de patrulla.

Como ejemplo el XLSemanal que mi suegra, que es una santa,  me proporciona puntualmente cada semana y que esta viene cargadito de reflexión cibernético-social.

Primero Pérez Reverte que en su Patente de Corso nos habla de las redes sociales, refiriéndose sobre todo a Twitter, en el que estar supone para él un ‘experimento fascinante‘ de contacto con la irrealidad del mundo real‘, es decir, con ‘el retrato más disparatado, caricatura grotesca del ser humano, construyendo o pretendiendo hacerlo, con la osadía de su ignorancia, la arrogancia de su vanidad o lo turbio de su infamia, un mundo virtual que nada tiene que ver con el real. Un conjunto de usos y códigos […] que pretende imponerse sobre el sentido común y la inteligencia’.

Se asoma uno a Internet, dice,  y empieza a ver allí ‘cómo se deforman y manipulan, sin el menor pudor ni consideración, toda clase de ideas y conceptos‘ constantemente envilecidos por aquellos que los defienden.

Las nuevas tecnologías, que deberían hacernos más preparados y más libres, también contribuyen a hacernos más estúpidos‘. Internet -lo hemos dicho aquí muchas veces- multiplica tanto la tontería como el talento. Entre otras cosas porque los ‘dueños’ de la red -como en otro tiempo y ahora hacen los dueños de la televisión- no tienen más interés que su propio beneficio buscando ‘clicados rápidos y tráfico intenso a toda costa‘. Los filtros habituales en el mundo analógico -formación, educación, talento, capacidad expresiva, autoría- ya no existen. Hay más donde elegir y opinar, dice Reverte, pero eso ‘se vuelve desventaja cuando el opinador es una mula de varas, un demagogo perverso o un imbécil que grita fuerte‘. Y hay mucho griterío y mucha demagogia en la red.

Por su parte, y en la página siguiente, Juan Manuel de Prada titula su parcela “Un nuevo Dios” en el que dicho dios no es otro, por supuesto, que ese ‘interné‘, como le gusta escribirlo a él, así, acentuado y con una minúscula muy consciente y expresiva y al que va a retratar con trazo grueso. Tras hacer un repaso a lo que quizá fue y debería ser hoy la prensa y no es, sumida como está en el desprestigio, cuenta que surge internet ‘con una promesa renovada de transparencia y un ideario programático que podría resumirse en […] información para todos e información sobre todos. Las masas […] se convirtieron de repente en los protagonistas de un nuevo periodismo que prometía ser, ante todo, un cauce para la expresión de sus inquietudes. Era -nos dice- la rebelión orteguiana de las masas. Y continúa: ‘interné ha sido entronizado, en apenas un par de décadas –esos años de ciberoptimismo rabioso a los que nos referíamos– como el paraíso democrático […] Nunca un artilugio técnico había promovido tantas efusiones retóricas, tantos derramamientos hiperbólicos, tantos fervores palurdos‘. Doy fe. Creíamos que había llegado la herramienta de la verdad democrática. Pero ‘nada que ver con la realidad. Bajo una falsa apariencia de transparencia e inmediatez, interné se ha convertido en la jaula dorada donde los dueños del cotarro apacientan a unas masas cada vez más gregarias, cada vez más fanatizadas, cada vez más primarias, cada vez más endogámicas‘. El cristal más o menos deformante de los antiguos intermediarios mediáticos es ahora una burbuja en la que ‘nunca la información había sido tan monopolizada por los poderosos‘ y en la que, sin embargo, estamos encantados.

La puntilla la da Carmen Posadas en sus Pequeñas infamias de la penúltima página comenzando su artículo con esta enumeración: ‘Quinceañeros que se hacen selfies caminando por el pretil de edificios de cincuenta pisos; un padre de familia que cuelga en Internet su ‘proeza’ de conducir a doscientos cincuenta kilómetros por hora con un bebé al lado; infinitos blogueros, tuiteros y facebookerosy youtubers e instagramers y …-que retransmiten en directo todas sus intimidades, pero también sus más absurdas banalidades:que incluyen desayuno, merienda y cena, fotos incluídas y que son una auténtica explosión del yo hasta incluso la muerte, como las personas que mueren cada año engullidas por las olas con las que se autoretratan. El número de millones de fotos que se suben cada año a las redes en busca de la aprobación de un like -nos cuenta Posadas- no deja de aumentar, generando en los usuarios más intensos tolerancia, ansiedad, dependencia y finalmente la frustración de no llegar a ser nunca ni Steve Jobs o ni siquiera Belén Esteban. ‘Mejor morir haciéndose un selfie que vivir en el anonimato -termina la autora-. O  mejor ahogarse en busca de una quimeracomo Narciso- que mirar en derredor y amar, sentir o gozar con lo que tiene uno aquí cerca, al alcance de la mano, pequeño tal vez, pero al menos real, no virtual’.

Esa era la puntilla, pero aún hay otro colofón en la revista que es un pequeño suelto en la parte superior de la página 11:‘Los niños españoles, alertan los expertos, engullen calorías en exceso y se mueven poco. Muchos, de hecho, apenas prueban el pescado, las legumbres, las verduras y las frutas mientras pasan horas frente a móviles, tabletas y televisores’. Lo descrito por los tres articulistas no es muy positivo para las tecnologías, pero es que, además, engordan.

Referencias

Echando pan a los patos, Pérez Reverte

Un nuevo Dios, J.M, de Prada

Sobrevivir en el mundo del yo, yo, yo, Carmen Posadas

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